Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

Sociedad

Regreso a Puebla de madre e hija tras vivir odisea en Acapulco

Salieron hacia el puerto de Guerrero y fueron testigos de una de las contingencias más graves en la historia de México

Regreso a Puebla de madre e hija tras vivir odisea en Acapulco

Erika Rivero Almazán nunca olvidará a "Manuel", ni a Acapulco, como tampoco al puente vacacional de Fiestas Patrias de este 2013, el cual estaba perfilado para convertirse en la oportunidad de descanso ideal.

Con más de media semana de asueto por delante, cinco mujeres salieron de esta ciudad de Puebla rumbo al puerto de Guerrero, sin saber que estarían anotadas como testigos de una de las mayores contingencias en la historia del país.

Sin complicaciones mayores, el viernes en la tarde llegaron a este sitio turístico del pacífico mexicano. El sol estaba oculto por las nubes. En el horizonte, un conglomerado casi negro advertía tormenta.

Sin remedio, el mar tuvo que esperar y un condominio en Punta Diamante ofreció películas en pantalla LED, la cual aisló a la quinteta, entre quienes destacaba una niña de menos de cuatro meses de nacida.

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A la mañana siguiente, el viento azotaba la espalda del inmueble de lujo; pero, desde las ventanas, la perspectiva de la ciudad estaba reducida a una pertinaz lluvia que obligaba a mantenerse bajo techo. Con resignación, la transmisión de series y películas estadounidenses, como también juegos de azar, mantuvo entretenidas a las visitantes poblanas.

Para el domingo, el deseo de respirar aire puro llevó a Erika y a su amiga Darshina a deambular por los jardines del complejo habitacional hasta llegar al bar, donde encontraron una pareja de jóvenes. La plática no pasó desapercibida a la distancia, pues reveló lo que estaba sucediendo en el exterior:

La tormenta tropical "Manuel" había golpeado a Acapulco, donde sumaban ya 20 muertos, una veintena de deslaves bloqueaba la Autopista del Sol, otro tanto las carreteras federales México-Acapulco y Acapulco-Zihuatanejo.

Estaban inundados el aeropuerto internacional y 20 colonias, como consecuencia del desbordamiento del río La Sábana y la laguna negra de Puerto Marqués. Los cocodrilos fueron detectados nadando por las calles, casi junto con aquellos que tuvieron que dejar sus refugios para buscar comida y cruzar la zona que mezcló aguas dulce y salada hasta alcanzar una altura de 3.5 metros.

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Entre los miles de damnificados locales, había que incluir una lista de 40 mil turistas, en la cual ya estaban anotadas las cinco poblanas, quienes ni siquiera sabían la magnitud de la emergencia... para ese momento.

Con preocupación, regresaron a su condominio, donde contaron la historia y descubrieron que en la cocina ya faltaban alimentos. Las calles de Punta Diamante estaban vacías, sin gente. Para entonces, ya sabían que "Manuel" estaba cruzando el puerto.

Con la intención de llenar la despensa, las mujeres dirigieron sus pasos hacia la tienda Oxxo más cercana y sólo encontraron anaqueles vacíos. Sólo había algunas frituras. Las carnes frías, quesos y verduras habían desaparecido. En el fondo de uno de los refrigeradores, una bolsa de salchichas se transformó a la vista en un manjar; pero, el dependiente no estaba dispuesto a venderla, pues estaban destinadas para los hot-dogs, los cuales no podían prepararse porque carecían de pan.

"Yo tengo que dar de comer a mis niños", explicó una mujer, desesperada. Al final, cada embutido fue vendido en casi 10 pesos, como si estuviera acompañado por medias noches, jitomate, cebolla, chiles, cátsup, mayonesa y mostaza.

Cerca de ahí, en el supermercado Chedraui, la gente peleaba por cualquier cosa comestible. Las filas crecieron aceleradamente hasta hacerse interminables. "Sólo efectivo", advertía el personal. Turistas y vecinos hambrientos, sin dinero en las bolsas, con sus tarjetas de débito y crédito, imposibilitadas para cubrir los gastos debido a que no había sistema, optaron por comer en el interior, devorar lo que fuera.

A la distancia, pudieron ver el Costco, como también la locura en los alrededores. No sólo personas con comida, sino también carritos con pantallas gigantes, equipos de sonido, computadoras, aparatos electrónicos varios...

De regreso al departamento convertido en albergue, las historias dejaron al resto de las vacacionistas con cara de asombro, de impacto. No había posibilidades de regresar a Puebla por tierra, ni por aire. Estaban preparadas para vivir ahí varios días.

La resignación de la noche, desapareció en la mañana. La recién nacida era la principal preocupación, por lo que los primeros vuelos de Aeroméxico hacia la capital del país abrieron una rendija de esperanza.

En forma milagrosa, regresó el internet y fue posible adquirir un boleto. La camioneta que llegó a Acapulco, condujo a madre e hija hasta al inundado aeropuerto, donde varias horas y discusiones después, permitieron a ambas abordar la aeronave, entre cuyos pasajeros destacaron personas jóvenes de clase alta que nunca tocaron la inundación, ni vivieron la contingencia, que presumían sus bolsas, lentes oscuros y ropa de marca, que contaban a carcajadas cómo sus "palancas" y su dinero les dieron el pase de abordar por encima de personas de la tercera edad, enfermos y madres con niños de diversas edades, quienes pudieron hacer muy poco para entrar en una lista hecha a mano y personal que daba muy pocas explicaciones.

Erika y Allegra llegaron al Distrito Federal casi al final de la tarde. Una familia se ofreció a traerlas de regreso a Puebla, donde concluyó la odisea... para ellas, quienes no olvidan que el resto de las amigas sigue allá, en ese condominio de Acapulco.