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Sociedad

Están desprotegidas familias de Chalchihuapan un año después

La esposa de Vicente Juárez Varela se quedó sin ingresos económicos y debe realizar diversas labores para mantener a su familia

Están desprotegidas familias de Chalchihuapan un año después

"Yo lo único que pido es que lo suelten", dijo sin querer queriendo Mónica Varela, esposa de Vicente Juárez Varela, uno de los presos políticos de Chalchihuapan acusados de participar en el enfrentamiento del 9 de julio.

Vicente fue arrestado la madrugada del 18 de octubre, junto con otros cuatro vecinos.

Un comando de 13 vehículos sin placas y 20 policías ministeriales se los llevó con lujo de violencia. Los acusaron de tentativa de homicidio contra policías estatales, privación ilegal de la libertad, motín y ataques a las vías de comunicación.

Un día antes, la Subsecretaría Jurídica de la Secretaría General de Gobierno invitó a los habitantes de Chalchihuapan a un evento en el que se ofrecerían disculpas públicas por la recomendación 2VG/2014 emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, derivado del desalojo policiaco en la autopista Puebla-Atlixco, hace ya un año.

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El saldo del desalojo fue un niño herido de muerte y cinco pobladores lesionados de gravedad: uno casi pierde el ojo izquierdo, otro fue herido en la mandíbula y no pudo hablar por meses, uno más se quedó sin dos dedos, un joven fue herido en la cabeza y el último quedó con un boquete en el costado.

Desde el arresto de su marido, Mónica ha tenido que lidiar con el sustento de su familia sin un ingreso fijo, con las visitas cada jueves al penal de San Miguel, en la ciudad de Puebla, y con la incertidumbre de no saber cuándo lo soltarán.

"Nos prometieron ayuda"

Mónica dudó en hablar, se le notaba la desconfianza, pero su hija fue la más renuente. Cada vez que su madre comentaba algo, la jalaba del brazo o la miraba suplicando su silencio.

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La muchacha soltó la verdad después de mucha insistencia.

- Nadie nos ayuda, nos prometieron que lo sacarían y de eso nada.

La madrugada del 18 de octubre Vicente dormía al lado de Mónica cuando se escuchó un golpe fuerte. Los policías ministeriales tiraron la puerta. Ella salió de su cuarto para ver qué ocurría, vio a un hombre vestido de negro y con la cara cubierta con un pasamontaña que gritaba: "Policías, policías".

El hombre se acercó al cuarto alumbrando con una lámpara, ubicó a su marido: "Ahí está, ahí está" y aunque ella se interpuso para que no se llevaran a Vicente, de un golpe la tiraron al piso y ya no pudo impedirlo.

A Vicente, de 58 años, lo sacaron en ropa interior. Mónica corrió con camisa y pantalón en mano, un policía se los recibió.

La puerta de su casa aún tiene la abolladura del mazo con que irrumpieron los ministeriales, aún la ventana está rota.

A cuenta gotas Mónica comentó que su esposo era el sustento de su familia, desde que no está ella se levanta a las seis de la mañana y se duerme a la una de la madrugada. Algunas veces va a un rancho cercano a ayudar, otras se dedica a cuidar a sus animales.

- Aunque sea cinco pesos (recibe) pero sirven.

Los jueves que visita a Vicente junta un poco de chile y jitomate para llevarle de comer, por eso le tiene que pedir a su hija que le ayude con las labores del hogar, por eso su hija se enoja cuando hablaba.

Mónica contó que su esposo fue a ver la manifestación el 9 de julio pasado por curiosidad, no participó ni nada.

Cuatro de sus vecinos fueron arrestados e inculpados en ese momento por la gresca y la muerte de José Luis Tehuatlie Tamayo, que aún no ocurría.

- En una de las fotos aparece parado y en otra sentado abrazando su suéter.

Como Vicente Juárez padece de la presión, cuando se suscitó el zafarrancho entre policías estatales y pobladores no pudo correr. Sólo se quedó mirando.

En las fotografías que la Procuraduría General de Justicia (PGJ) presentó contra Vicente no aparece él, sino un joven de unos veintitantos años más robusto. Mónica lo denunció dos días después del arresto de Vicente.

A pesar de eso no sabe cuándo su esposo obtendrá su libertad y de qué pasó con las personas que sí participaron en la manifestación, que sí respondieron a los policías con piedras y palos.

- Yo no puedo hablar de los otros, ya la justicia será de Dios.

Mónica dejó de hablar cuando vio las miradas de su hija. Las dos se retiraron excusándose con ir a ver a Vicente.

En la casa que ni siquiera es de ellos, sino de uno de los hijos de Mónica y Vicente, se quedó sola su suegra, una señora de más de 80 años totalmente sorda y por eso no se despertó cuando los policías ministeriales se llevaron a su hijo la madrugada del 18 de octubre.