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Este lunes se cumplen 15 años de la “Batalla de las superficies” disputada en dos suelos distintos, todo un hito en la historia del deporte que jamás se ha vuelto a repetir
Foto: Twitter / @ESPNtenis
Fue vista por 200 millones de personas y el recuerdo prevalece casi intacto. La “Batalla de las superficies” fue un evento que rompió por completo todos los esquemas en el mundo del tenis no solo por reunir a las dos bestias del deporte blanco Rafael Nadal y Roger Federer, sino por disputarse sobre pisos distintos: la tierra batida y el césped húmedo.
Por allá del 2007 ambos eran los reyes en el tenis, pero donde reinaba uno era, en parte, donde el otro era débil. El suizo Federer llegaba como un jugador siempre ágil en la hierba, lo ganaba todo en césped, mientras que al español, un monstruo en Roland Garros, nadie le frenaba en polvo de ladrillo.
Para entrar más en contexto, Roger había ganado los últimos cinco Wimbledon entre 2003 y 2007, mientras que Rafa, un poco más joven, reinó en el Abierto de Francia del 2005 al 2007, dinastía que mantuvo hasta 2020 y le permitió alzarse con el trofeo en 13 oportunidades.
Era tanto su dominio en esas canchas que la fanaticada se mostraba ansiosa por saber de una buena vez quién era el mejor. Fue ahí que la idea y el negocio se combinaron, el marketing hizo lo suyo con una premisa completamente fuera de lugar: que jueguen un partido en una pista con las dos superficies.
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Exhibición irrepetible
La Palma de Mallorca fue sede del evento y lógicamente contó con el público volcado en favor de Nadal, aunque el deseo de los 7 mil 200 espectadores era deleitarse con los dos mejores jugadores del mundo, tal vez del siglo. La inventada cancha se hizo en apenas 19 días y costó casi 1.7 millones de euros, de acuerdo con el diario Olé, mientras que el evento se pudo televisar en todo el mundo y recaudó una verdadera fortuna.
Federer era 1° del ranking ATP y Nadal 2°, ambos llevaban consigo una racha casi inalcanzable en césped y polvo, respectivamente. El suizo sumaba 48 partidos invicto sobre hierba, un equivalente a no perder un partido sobre césped durante cinco años. Por otro lado, el de Manacor había ganado los últimos 72 partidos durante tres años sobre arcilla.
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El partido inició en la cancha donde más a gusto se sentían y las reglas, iguales a las del circuito, les daban permiso de cambiar su calzado cada vez que pasaban del otro lado a un suelo distinto.
Nadal inició dominante y esto le permitió llevarse el primer set por 7-5, alzando el puño cuando ganó el último punto y enviando un mensaje de que el “partido amistoso” iba muy en serio.
Aún con Rafa como protagonista llegó el despertar de “Su majestad”, quien con un drive limpio se afianzó del segundo capítulo con un 4-6 y obligó a irnos a la tercera caída, no esperaríamos menos que eso.
La paridad mostrada en la exhibición y que arrastraban en el circuito oficial se mantuvo hasta el último set y por ello fue necesario un extenso tie break que Nadal se llevó por 12 a 10 (7-6). Lejos de que Rafa se coronó en el partido del año, la delicia fue tener 2 horas y 24 minutos de un tenis excelso que posiblemente sea irrepetible.
El responsable de esta locura
Su nombre es Pablo del Campo y hay que atribuirle esta responsabilidad. La idea de enfrentar a los dos mejores jugadores del mundo sobre sus superficies favoritas surgió por su afición a este deporte.
El empresario y publicista vio posible lo que para muchos era una locura para luego convertirlo en una realidad fantástica. Hoy, evidentemente, esto se ve inviable porque ya no hay dominadores en superficies específicas. Además, Roger ya es esporádico en el circuito y aparece solo cuando el cuerpo se lo permite, mientras que Rafa lucha por mantenerse activo y brindar los que, quizás, son sus últimos destellos de grandeza; nada que reprocharle, ¿o les tengo que recordar lo que ocurrió en el Abierto de Australia de este 2022?
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