Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

Cultura

Toman diseños indígenas sin crédito y los venden como alta moda

Diseñadoras extranjeras replican prendas mexicanas sin reconocer su origen

Toman diseños indígenas sin crédito y los venden como alta moda

Toman diseños indígenas sin crédito y los venden como alta moda

Foto: Gobierno de Puebla

Artesanas indígenas mexicanas enfrentan un patrón global de apropiación cultural. Entre 2012 y 2025, al menos 41 casos han sido documentados por la organización NGO Impacto, con sede en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Marcas internacionales han reproducido prendas tradicionales sin acreditar su origen ni reconocer a sus creadoras, convirtiendo el patrimonio textil de pueblos originarios en productos de lujo.

El caso más reciente involucra a Nikki Chasin, diseñadora estadounidense que vende en Nueva York un vestido idéntico a la napácha rarámuri por más de 15 mil pesos. La prenda no menciona a María, su autora original, ni a la comunidad que le da sentido. Situaciones similares han involucrado a firmas como Louis Vuitton, Zara, Carolina Herrera, y otras compañías que han replicado sin permiso ni crédito diseños indígenas de México, Rumania y otras regiones.

Olivia Meza, especialista de NGO Impacto, explicó que la apropiación cultural va más allá del diseño: borra identidades y silencia las voces de quienes mantienen vivas sus tradiciones. La plataforma Viernes Tradicional ha sido una herramienta clave para visibilizar estos abusos, al rastrear y registrar casos de plagio en la moda. Según sus datos, marcas como J. Marie Collections y Zara han incurrido en esta práctica en múltiples ocasiones.

El problema también se presenta entre diseñadores nacionales. En 2014, la marca Pineda Covalin usó diseños de Tenango de Doria en bolsas sin autorización. Más recientemente, una diseñadora oaxaqueña comercializó huipiles como kaftanes, eliminando su origen cultural. NGO Impacto advierte que renombrar prendas sin contexto también constituye apropiación.

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A pesar de las denuncias públicas, las acciones legales siguen limitadas. La mayoría de los casos no llegan a tribunales, ya que las comunidades no siempre cuentan con los recursos para defender sus derechos. Las pocas demandas existentes se mantienen en negociación entre particulares, sin resultados públicos hasta ahora.

La reforma a la Ley de Derechos de Autor en 2022 buscó frenar esta tendencia, reconociendo los diseños indígenas como propiedad intelectual protegida. Sin embargo, su aplicación efectiva aún enfrenta obstáculos. Mientras tanto, las comunidades continúan defendiendo su legado ante un sistema que privilegia el lucro sobre la identidad cultural.

La apropiación sin crédito no solo representa un despojo económico, sino también una forma de invisibilización. Las voces artesanas exigen reconocimiento, respeto y un trato justo que valore su trabajo como expresión viva de la cultura. (LV)

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