Viernes, 22 De Mayo De 2026 | Puebla

Cultura

Entre hilos, mujeres de Tenango sostienen su cultura

Arte textil tenanguense enfrenta la amenaza del olvido juvenil

Entre hilos, mujeres de Tenango sostienen su cultura

Entre hilos, mujeres de Tenango sostienen su cultura

Foto: Museo Nacional de Antropología

En la Sierra Norte de Puebla, San Miguel Tenango se encarga de conservar una de las tradiciones textiles más simbólicas de México. Aquí, el acto de tejer va más allá de lo artesanal: es un vínculo espiritual con la tierra, un legado transmitido entre generaciones de mujeres que ven cada prenda como una manifestación de su historia. Sin embargo, esta práctica enfrenta el riesgo de extinguirse por la migración juvenil y la falta de valoración económica.

Flor de Rocío Márquez López, de 20 años, representa una excepción en su generación. Desde pequeña aprendió que su traje tradicional no es solo vestimenta, sino una cosmovisión viva. La nahua (falda negra de lana) simboliza la conexión con la tierra y la protección espiritual. El quixquemetl, encaje blanco que se porta sobre los hombros, representa las nubes que cubren la sierra y se convierte en velo para pedir salud o acompañar ceremonias.

A este traje se suma una faja blanca con negro, tejida en telar de cintura, que requiere la colaboración de otra mujer para ajustarse. “Es un acto colectivo, una forma de recordar que nadie teje sola”, dice Flor. Las blusas bordadas, en tanto, incluyen imágenes de jaguares, flores, montañas y otros elementos que reflejan la cosmovisión nahua del entorno natural y espiritual.

Uno de los pocos talleres que continúan con la producción de prendas completas es el de Estela López Juárez. Su familia ha mantenido el oficio durante cuatro generaciones. Desde criar borregos, teñir la lana con tintes naturales, hasta bordar con precisión, el proceso puede tomar meses. Pese al esfuerzo, los precios que les ofrecen rara vez cubren los costos: una blusa elaborada por cinco mujeres durante dos semanas se vende por menos de 600 pesos.

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El panorama se complica con la migración. Muchos jóvenes optan por empleos en las ciudades, ya que ahí adquieren ingresos más seguros. “Nos quedamos solas”, lamenta Estela, quien también intenta impulsar el reconocimiento legal de su trabajo con una posible denominación de origen para las artesanías tenanguenses.

Para enfrentar estos desafíos, Flor ha emprendido el proyecto “Sabor del Fuego”, en el que integra gastronomía tradicional con experiencias culturales. “La comida, como el vestido, también transmite sabiduría”, afirma.

Desde el tejido de las cintas multicolores que decoran las trenzas hasta los bordados que narran mitos, cada pieza del atuendo tradicional de Tenango guarda un mensaje. El telar de cintura, más que una herramienta, es un puente entre generaciones. Y aunque el hilo se tensa, aún no se rompe. (BH)

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