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Cultura
Por los 200 años de la Constitución de Puebla se presenta la película en las Salas de Cine de Arte del CCU BUAP este lunes 25 de agosto
Arráncame la vida, del libro a la pantalla grande
Foto: BUAP
Transitar del registro melodramático de la novela a la pieza tragicómica que coescriben la autora de Arráncame la vida, Ángeles Mastretta con Roberto Sneider, director de la película del 2008, que en su momento había sido la producción más costosa de todo el cine mexicano, nos ha legado un retrato costumbrista del México de los años treinta y cuarenta bellamente narrado por el equipo creativo de esta producción cinematográfica.
El preciosismo y la depurada manufactura de este filme consiguió su nominación al premio Óscar en la categoría de Mejor Película en Lengua Extranjera y Arieles al Mejor Guion, Diseño de arte, Maquillaje, Vestuario y Efectos visuales.
Ana Claudia Talancón es premiada como mejor actriz protagónica e Isela Vega como mejor actriz de reparto. Asimismo, Sneider fue reconocido en varios festivales internacionales de cine y la filmación Arráncame la vida, El corazón no se gobierna ostenta la presea Mejor Película Iberoamericana.
Ángeles Mastretta oriunda de Puebla, esta destacada escritora considerada una de las voces más sobresalientes de la literatura en habla hispana con una producción en las letras que abarca: narrativa, poesía y ensayo. Ella consigue con la agudeza de su fino tratamiento de momentos históricos, ficciones tan entrañables y verosímiles, que resultan más verdaderas inclusive que algunos hechos verídicos.
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En un contexto convulso teñido de un progresismo aspiracionista con militares al mando de nuestro país, en este entorno falocéntrico y heteropatriarcal Mastretta nos obsequia la ingenuidad y la dulzura de Catalina Guzmán de 16 años seducida por el cabrón general Andrés Ascencio, jocosamente interpretado por Daniel Jiménez Cacho.
Su opresivo casamiento remite al sometimiento de nuestra patria bajo el yugo del partido tricolor. Sin embargo, Catalina, como la república mexicana en algún momento, se quitan la venda de los ojos y observan las contradicciones, injusticias e inequidades que predominan al interior del núcleo familiar y en el México de esos años.
Como reza el título: Arráncame la vida –con el último beso de amor…– Arrancar también se asocia con el abusivo extractivismo de los bienes de la nación o de los mejores años de la vida de alguien. Finalmente, tanto la novela como la película nos brindan una mujer emancipada y empoderada, tal vez como una indispensable y urgente liberación de la patria. Transformación del estado de cosas y de la postura de los personajes al son de las variaciones del Danzón #2 de Arturo Márquez y de la Chacona de Carlos Chávez, además de otras piezas icónicas de la cultura musical popular. Musicalidad que le da hilo conductor a la narrativa de Ángeles Mastretta y que matiza la continuidad de la narrativa fílmica de Roberto Sneider hermosamente fotografiada por Javier Aguirresarobe.
Mirar, escuchar y degustar la Puebla y el México de la década de los treinta y los cuarenta a través de la voz principal encarnada por Catalina Guzmán, adereza de una feminidad curiosa, inteligente y grácil; el devenir de una adolescente sometida a un desempeño acelerado e impuesto de roles sociales de gran impacto en la vida pública. Ámbitos en los que la riqueza cultural nacionalista, el barroquismo gastronómico poblano, los credos religiosos y los rituales familiares y sociales; adquieren un tono de divertimento en contraste con los crímenes políticos, los negocios sucios, el cotilleo palaciego, los periodicazos y las puñaladas traperas entre los políticos matones de la época.
Otra exquisitez, el erotismo femenino a través del descubrimiento del placer y el gozo orgásmico de la masturbación vía el estímulo del clítoris, que la Gitana interpretada por Isela Vega le enseña a Catalina para que aprenda a sentir. Aunado al amasiato de Catalina con el músico Carlos Vives quien, entre otras piezas del repertorio sonoro mexicano dirige Cielito lindo en el Palacio de Bellas Artes.
En pantalla disfrutamos de la hermosa Catedral Metropolitana, el barrio de Analco, casas y calles del Centro Histórico de Puebla, más las locaciones de ciudad de México, la playa veracruzana y la hacienda tlaxcalteca, poniendo en alto esta película a nuestra Puebla cuyo variopinto paisaje la vuelven un punto neurálgico para efectuar más filmaciones aquí.
