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Este 29 de agosto, se cumplen siete años del linchamiento que marcó a Acatlán: la muerte de Ricardo y Alberto, un hecho que la población no ha podido olvidar desde 2018
Foto: Cortesía
Hoy, 29 de agosto, se cumplen siete años del linchamiento que marcó a Acatlán: la muerte de Ricardo y Alberto, un hecho que la población no ha podido olvidar desde 2018.
Ricardo y Alberto acudieron a la comunidad de San Vicente Boquerón, perteneciente al municipio de Acatlán, a realizar un mandado, pero presuntamente se quedaron tomando en una tienda de la localidad.
Algunos pobladores los señalaron como robachicos, debido a que estaban cerca de una escuela, y la información se difundió rápidamente en redes sociales.
Ante estas denuncias, la policía municipal los detuvo y los llevó a la presidencia auxiliar de San Vicente Boquerón; sin embargo, la gente enardecida obligó a las autoridades a trasladarlos a la presidencia municipal de Acatlán.
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Después de las 14:00 horas, un grupo de pobladores de Boquerón llegó a Acatlán, específicamente al Cereso municipal, para exigir que se entregara a los detenidos. Se sumaron pobladores de todo Acatlán, convocados por redes sociales, con la intención de no dejar libres a Ricardo y Alberto.
La población usó un perifoneo y la campana de la presidencia municipal para alertar a más personas sobre la situación. Enardecida, la gente intentó abrir los separos y tras lograrlo, sacaron a los detenidos a golpes.
Una persona arrojó fuego sobre ellos, quemando a ambos, mientras otros observaban o aplaudían, creyendo que era “justicia”.
Posteriormente, la camioneta en la que viajaban fue llevada al centro de la calle y también incendiada frente al Cereso. La mayoría de la población se dispersó, pensando que el vehículo podría explotar, pero no ocurrió.
Familiares de Ricardo y Alberto llegaron al lugar y reclamaron la tragedia. Uno de los hombres dejó tres niños en la orfandad, incluida una recién nacida.
Los cuerpos fueron levantados por el Ministerio Público y trasladados al Servicio Médico Forense (Semefo).
La policía estatal, llegada desde Izúcar de Matamoros, junto con elementos locales, controló la situación alrededor de las 18:00 horas.
Al día siguiente, los ciudadanos continuaron con sus actividades, aunque muchos se mostraban tristes y temerosos.
Los lugares donde ocurrieron los hechos quedaron marcados por el fuego: los espacios permanecieron ennegrecidos, al igual que el lugar donde ardió la camioneta. La tragedia generó un silencio entre la población, que prefería no hablar del suceso.
Huida de los involucrados
Varios de los participantes en el linchamiento abandonaron Acatlán para evitar ser detenidos. También se fueron quienes transmitieron los hechos en vivo por redes sociales, borrando algunos videos y, en algunos casos, sus cuentas.
Estas personas enfrentaron críticas y amenazas por difundir el incidente.
Familiares de Ricardo y Alberto señalaron que no han recibido indemnización económica a siete años de los hechos.
Aunque algunos familiares han limitado sus declaraciones, la fecha del 29 de agosto sigue siendo recordada como un momento inolvidable y doloroso para la comunidad. (RC)