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Ecoturismo esencia rural mantiene tradición, ecosistema y conocimiento ancestral en Puebla
Colectivo indígena impulsa meliponicultura con abeja mexicana
Foto: Ecoturismo esencia rural
En Quetzalán, Puebla, el colectivo indígena, ecoturismo esencia rural, desarrolla desde hace tres generaciones la meliponicultura de la Escaptotrigona mexicana, abeja sin aguijón conocida en náhuatl como pisilnecme.
Este grupo, formado por 15 personas entre hombres y mujeres, combina técnicas tradicionales con innovaciones locales para cultivar colmenas en ollas de barro y cajones de madera, asegurando la producción anual de miel y su conservación.
El colectivo, ecoturismo esencia rural, gestiona alrededor de 600 colonias, cada una capaz de producir en promedio 100 mililitros de miel por año. La cosecha se realiza en los meses más cálidos, entre abril y noviembre, y se utiliza tanto para consumo local como para envíos a distintas regiones de México y Estados Unidos.
Además de alimento, la miel se emplea con fines medicinales, desde la regulación de la microbiota intestinal hasta el tratamiento de úlceras gástricas y heridas en pie diabético.
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Los miembros destacan que el manejo de la Escaptotrigona mexicana forma parte de la cosmovisión indígena: se considera un ser sagrado, proveedor de alimento y medicina.
Los meliponicultores deben mantener un comportamiento equilibrado, pues se cree que las abejas perciben la armonía del hogar. Esta relación entre humanos y abejas refleja la continuidad de prácticas prehispánicas y la valorización del conocimiento ancestral.
El bosque comestible Cuautaquiloyán complementa esta labor, integrando frutales, maderables y cultivos como maíz, frijol, café y caña. En este ecosistema, la polinización de las abejas garantiza la sostenibilidad de la flora local y de la producción comunitaria, fortaleciendo la seguridad alimentaria y la preservación de especies nativas.
Hace cuatro años, el colectivo, ecoturismo esencia rural, abrió sus puertas al turismo comunitario, permitiendo que visitantes participen en la extracción de miel y conozcan los usos tradicionales del polen, propóleo y cera. La experiencia incluye aprendizaje sobre medicina ancestral, rituales de salud y conservación del ecosistema.
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A nivel académico, la comunidad colabora con la UNAM en diplomados de curación de heridas, demostrando la efectividad de la miel en tratamientos médicos y su potencial terapéutico.
La investigación local ha validado científicamente la alta acidez y bajo dulzor de esta miel, características que la distinguen de la miel convencional y la hacen útil para la salud digestiva y cutánea.
El colectivo resalta que su labor se mantiene sin apoyo gubernamental directo, basada en la cooperación interna y el respeto por la naturaleza.
La Ruta de la Miel de Quetzalán se consolida así como un ejemplo de conservación cultural, innovación sustentable y educación comunitaria, posicionando la meliponicultura como un puente entre tradición y ciencia. (LV)