Cultura
Cantona, donde el juego de pelota narró la historia de los dioses
Con 27 canchas, el sitio arqueológico de Tepeyahualco destaca en Mesoamérica
Cantona, donde el juego de pelota narró la historia de los dioses
Foto: Agencia Gran Angular
El sitio arqueológico de Cantona, ubicado en el municipio de Tepeyahualco, ha sido reconocido por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como la ciudad prehispánica con más campos de juego de pelota en Mesoamérica, al contabilizar cerca de 27 canchas, cifra que supera incluso a las urbes mayas, pioneras en esta práctica ancestral.
Esta antigua metrópoli, cuyo nombre significa “casa grande” o “sitio fortificado”, se extendió sobre los restos del volcán Los Humeros, alcanzando una superficie de 14 kilómetros cuadrados.
Según estimaciones del INAH, Cantona llegó a albergar a más de 100 mil habitantes, distribuidos entre 7 mil 500 viviendas y 4 mil calles, lo que la convierte en una de las ciudades más urbanizadas del México antiguo.
Los arqueólogos coinciden en que el juego de pelota fue una actividad central en la vida social y religiosa de la ciudad.De los seis campos restaurados hasta hoy, uno de ellos mide 1.6 hectáreas, el más grande registrado hasta ahora.
Cada cancha poseía tres discos de piedra caliza, material considerado sagrado, que funcionaban como marcadores del encuentro deportivo y ritual.
Las investigaciones indican que esta práctica se remonta al 200 a.C., y alcanzó su apogeo entre los años 200 y 300 d.C..
En ese periodo, hasta 20 canchas habrían estado en uso simultáneamente, lo que sugiere la celebración de competencias regionales similares a unos juegos panmesoamericanos.
Los expertos detallan que, a diferencia de otros centros ceremoniales, en Cantona los jugadores utilizaban los pies y el empeine para impulsar la pelota, en lugar de los hombros o las caderas.
Este detalle ha despertado el interés cultural por entender las variantes deportivas que existieron antes del surgimiento del fútbol moderno.
El INAH ha restaurado apenas el 1.7 por ciento del sitio, abierto al público desde 1994. Sin embargo, la riqueza del lugar sigue atrayendo a visitantes e investigadores, quienes buscan descifrar su compleja historia y su relación con deidades como Tláloc y Huehuetéotl, dioses de la lluvia y del fuego, respectivamente.(LV)