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Economía
El evento deportivo de este año está siendo también el más rentable para las casas de apuestas
Balón de futbol iluminado por luces verdes y azules
Foto: Cortesía
Fuera de los estadios, lejos de las camisetas y los nervios de la afición, una maquinaria financiera de casi 41.000 millones de dólares se erige sobre los cimientos del deporte.
El torneo con mayor número de selecciones de la historia está siendo también el más rentable para las casas de apuestas, que se han preparado durante meses para este momento. Ahora bien, ¿cuánto dinero se mueve exactamente y quién se queda con la tajada? Las cifras dan vértigo.
Apuestas, apuestas y más apuestas: el peso del Mundial en los sitios de juego
Solo en las primeras jornadas de la fase de grupos, los mercados de apuestas vinculados al Mundial superaron los 5.000 millones de dólares en volumen negociado.
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El dato, recogido por Bloomberg a partir de registros de plataformas internacionales, confirma lo que el sector anticipaba: esta Copa del Mundo marca un antes y un después en la relación entre fútbol y juego online.
Quien quiera comprobar qué opciones existen puede consultar una lista de casinos legales en México antes de depositar su primer peso: una brújula útil en un mercado que se expande más rápido que la propia normativa.
La escala del evento lo explica en parte. Con 6,5 millones de aficionados esperados en los estadios y una audiencia global estimada en 6.000 millones de personas frente a las pantallas, cada partido genera un pico de actividad en las plataformas de apuestas.
La transparencia de algunas plataformas ha dejado al descubierto el perfil de los grandes apostadores mundialistas. Cuentas individuales que convirtieron 6 millones de dólares en 13,6 millones con una sola jugada, o que duplicaron posiciones de 7 millones apostando a resultados de fase de grupos. También las pérdidas: una apuesta fallida a favor de Bélgica contra Egipto costó casi 9 millones de dólares a un solo usuario.
Son cifras que hasta hace pocos años pertenecían al terreno exclusivo de los mercados financieros. Hoy, el Mundial las pone sobre la mesa del juego deportivo y deja claro que el apetito inversor (y especulativo) ya no distingue entre Wall Street y un marcador de fútbol.
Pero el fenómeno no es solo de grandes fortunas. La tendencia de este torneo son las microapuestas: jugadas en tiempo real sobre eventos dentro del partido (un córner, una tarjeta amarilla, el próximo goleador) que multiplican el volumen de transacciones.
Esta modalidad ha atraído a millones de usuarios nuevos, muchos en mercados latinoamericanos donde el juego online avanza a paso firme.
En México, por ejemplo, la regulación vigente permite operar a plataformas con licencia, lo que ha impulsado una oferta creciente de casinos y sitios de apuestas. En México, donde las ganancias del juego online ya tributan bajo un marco regulado, el volumen no ha dejado de crecer desde el pitido inaugural.
El impacto económico del torneo no se reparte de forma simétrica entre los tres países anfitriones. Estados Unidos, que alberga la mayoría de los encuentros, verá un incremento estimado de 17.000 millones de dólares en su producción económica.
Cifra astronómica en términos absolutos, pero que representa menos del 0,1 % de su PIB anual: el tamaño de la economía estadounidense diluye el efecto.
El panorama en México es otro. Aunque acoge menos partidos, el Mundial podría aportar entre un 0,5 % y un 2 % de su PIB anual. La inyección de capital extranjero, el turismo y el consumo asociado al torneo tienen un peso proporcionalmente mayor en una economía más pequeña. Es, en definitiva, una oportunidad de crecimiento que pocas veces se presenta.
A escala global, se calcula que el Mundial generará 824.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos, con el grueso concentrado en turismo, hostelería y servicios.
Si los países anfitriones capturan el beneficio vía turismo y consumo, la FIFA se queda con la caja fuerte. La organización espera ingresar cerca de 11.000 millones de dólares por derechos de televisión, hospitalidad, entradas y marketing.
Para dimensionarlo, el anterior Mundial de Qatar 2022 generó 7.500 millones y el de Rusia 2018, menos de la mitad de la cifra que se proyecta ahora.
El salto se explica por el formato ampliado, con más partidos, más jornadas, más contenido para las cadenas, y por la capacidad de los estadios norteamericanos. Cada asiento vendido y cada segundo de emisión cotizan al alza en un mercado donde las grandes marcas compiten por asociar su nombre al evento deportivo más visto del planeta.
Mientras los equipos siguen jugando, las apuestas suben y los contadores de billetes tras bambalinas no tienen descanso. El Mundial de 2026 ya es el más rentable de la historia; la pregunta es cuánto más crecerán las cifras antes de que termine. (MCJ)