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Carpe diem: aprovecha el día | Xavier Gutiérrez

Jueves, 28 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Carpe diem: aprovecha el día

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Marzo 29, 2015

Es un grupo de veinticinco o treinta amigos que rondan las seis décadas de edad. Desde hace varios años decidieron dejar afuera un momento  los problemas y darle la mano al optimismo. Cada jueves, puntualmente, se reúnen para comer, conversar y jugar, sin dejar de lado las tareas personales de cada quien.

Se dan un recreo mediante una convocatoria no escrita, que data ya de hace más de dos décadas.

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El punto de cita es el jardín de un médico veterinario, el popular Doctor Sergio  Guzmán, en la cercana Atlixco. No es un sitio lujoso, pero sí  de buen gusto y acogedor. Verde por todos lados el follaje de plantas y algunos frutales. Un regalo a la vista. Incluso pareciera que uno está en un lugar de la sierra, muy lejos del asfalto.

 Una especie de túnel natural, formado por las ramas de árboles y arbustos es el sitio previo a la comida. Ahí, una mesa larga recibe a los habituales asistentes.

Aquí se  saborean botanas y alguna copa, vino generalmente. El tiempo necesario para despertar el apetito. Cada jueves le corresponde invitar la comida a uno de los fieles concurrentes. Esa tarea responde a un calendario rotatorio siempre respetado.

El comensal anfitrión de cada jueves, como es natural, busca quedar bien y lucirse con sus amigos. Por eso han desfilado ahí mole poblano, barbacoa, chiles en nogada, mole de panza, tacos árabes, mole de caderas,  paella, cemitas, cocina francesa, italiana, mixiotes y una larguísima lista de la inagotable gastronomía del país.

Cubierto el tiempo de la bienvenida, en la que suele haber uno o varios invitados  del organizador en turno, se pasa a la comida, el momento supremo de convivencia. Para esto, ya está debidamente preparado el sitio de cada quien en un pequeño quiosco, al centro del jardín.

Dos o tres diligentes meseros, pagados por todos los concurrentes, atienden a los convocados. Pero es  el organizador de la comida de esa fecha  quien se esmera por brindar atenciones y calidez personal  a los invitados.

Se advierte en todo momento un clima de afecto y camaradería. Igual que los platillos, desfilan incesantemente los chascarrillos, las anécdotas, las risas, los cuentos, los recuerdos, la nostalgia, los temas del momento, las bromas. La agenda es abierta, nada formal pero al mismo tiempo bien lejos de la solemnidad. Tampoco la vulgaridad es ahí bienvenida.

Con diplomacia, todos saben que en la charla se pasan por alto las discusiones o polémicas de corte político o religioso. Esto permite un clima de convivencia relajado, maduro, en el que participan personas (solamente hombres) de las más variadas ocupaciones, inclusive ex militares de alto rango y hasta dos o tres extranjeros avecindados en nuestro país.

Hay una sana e inteligente mezcla de relajo y respeto, convivencia y buena mesa. El copeo no es limitado, pero todos saben guardar distancias en  las cuatro o cinco horas que dura el ecuménico  convivio.

Desde luego, el dueño del  hermoso jardín, el Doctor Sergio  Guzmán, puro en mano, cabellera blanca y sonrisa eterna,  saluda de mano a todos los comensales y recibe de ellos muestras de amistad,  agradecimiento y respeto. Es visto como un patriarcal amigo, el eje de los amigos de “La Casa de las Bochas”.

Las bochas es un juego al parecer de origen francés. Se practica en una canchita de tierra bien apisonada, de unos quince metros de largo por casi tres de ancho, donde dos equipos de cuatro personas contienden y el reto es acumular puntos en razón de la mayor proximidad de una pelotas como del tamaño de un coco, con respecto a una pequeña como de beisbol de color amarillo.

Jugarlo es voluntario, al final de la comida.

Desde luego no es un deporte, más bien un entretenimiento donde la cancha es el sano pretexto para la caminata, la destreza manual, los chascarrillos y la pasajera competencia.

Así, a grandes pinceladas, se describe la forma cómo  ve  la vida un grupo de poblanos que conviven un día de la semana, cada jueves, quienes sin abdicar de sus tareas y responsabilidades, pero también sin cargar a cuestas con amarguras, resentimientos  y animadversiones, saben practicar la conocida expresión del poeta griego Horacio: “Carpe Diem”: aprovecha el día.

El sentido de la frase  es, como sabemos, darle un justo valor al día de hoy, como un recordatorio de la cercanía de la muerte y un futuro que se supone  siempre incierto.

xgt49@yahoo.com.mx

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