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OPINIÓN

El pensamiento liberal mexicano

Aportes históricos. De la tribuna a las armas. Visión de la sociedad y del estado.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Enero 23, 2017

El liberalismo es una de las corrientes más avanzadas de nuestra sociedad, promovió y realizó cambios de enormes proporciones: de la sociedad colonial rígidamente estamental a la sociedad actual, un cambio de gran magnitud, profundidad y trascendencia.

Nuestra visión del siglo XIX es de pugnas y polémica sobre las cuestiones fundamentales: las relaciones Estado-Iglesia; las formas de organización política y las expresiones nacionalistas o intervencionistas de intelectuales, de militares y de políticos.

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Los protagonistas utilizaron todas las formas de persuasión, desde la tribuna hasta el campo de batalla. Como afirman muchos autores, se trataba de un proceso contradictorio en el que se admitían libertades parciales y se exigían poderes totales.

El pensamiento liberal mexicano ha sido revisado ampliamente y una fuente para el análisis de este periodo corresponde a las constituciones. Diego Valadés considera que aunque en ellas se reflejen los puntos de vista de la mayoría, también hay aspectos en los que hubo consensos y que a partir de ellos se fue consolidando la visión liberal de la sociedad y del Estado mexicano. Los vaivenes de este periodo formativo del país se expresan en sus constituciones: republicanas y monárquicas, federales y centralistas, autoritarias y libertarias, convencionales e innovadoras; en este sentido nuestro proceso histórico fue contradictorio.

Las confrontaciones, la búsqueda del control del poder más que la participación en él, propiciaron una actitud política ideológica intransigente que llevó a constantes procesos de exclusión y a una cultura de la desconfianza en quien ejercía la titularidad de la función pública. Pero entre la desconfianza y la intransigencia se fueron abriendo paso ideas fundamentales en la vida mexicana y se fueron dando etapas evolutivas del Estado y de la sociedad. Desde diferentes perspectivas doctrinarias se alentaron distintas formas de organizar el poder, pero también se fueron edificando conceptos básicos acerca de los que no podía haber discrepancia.

Otro aspecto destacado de este siglo es la participación de los intelectuales en la construcción de la nación. La mayoría de los escritores liberales participa con ideas y con actos. Entre esta pléyade están Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez, quienes en distintos momentos ocuparon cargos gubernamentales. Su propósito era construir el nacionalismo mexicano, transformar a una sociedad saliente de la Colonia para convertirla en una comunidad guiada por las ideas del progreso y la civilización. Aunque el concepto “cultura nacional” no aparece en sus escritos, lo entienden como “Patria”.

En sus esfuerzos por crear la “literatura nacional”, Altamirano y Ramírez aportaron temas y tratamientos que se mantuvieron vigentes durante muchas generaciones y conformaron un sentir común. Consagraron buena parte de la actividad literaria a la tarea de construir la conciencia nacional pues para ellos la política no se puede disociar de la cultura.

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