El miércoles pasado estaba dando clase y pensamos que estaba temblando. Afortunadamente no era un temblor, sino que estaban arreglando el cubículo que está abajo del mío. Y pensé: “así como está nuestro edificio debe estar toda la universidad, con problemas de humedad y quién sabe cuántos más por haber estado cerrada tanto tiempo sin el mantenimiento indispensable para acoger adecuadamente las múltiples actividades que los universitarios desarrollamos.”
También pensé que ahora que se ha anunciado que todo el estado de Puebla regresa a clases presenciales, la BUAP haría lo propio, pero aparentemente no es así. Será hasta el nuevo inicio del ciclo escolar en el mes de agosto. Nuevamente, es inexplicable este otro retraso para normalizar las clases presenciales, pues afortunadamente hace meses que estamos en semáforo verde; pero si insiste la administración central en mantener un sistema virtual de enseñanza, va a tener todo el tiempo del mundo para darles a las aulas, los laboratorios, los cubículos, los baños, los auditorios, las canchas, las bibliotecas, las zonas de recreo cultural y artístico todo el mantenimiento que no les ha dado durante dos años.
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Este rezago que hay que atender es el rezago material propiamente dicho, y obviamente es indispensable remediarlo para regresar de lleno al sistema presencial. Sin embargo, persiste el otro rezago, el educativo, y sobre ése no se dice nada. Sabemos, por estudios realizados por especialistas, que el rezago en el nivel primario es de hasta tres años en el sureste del país y de por lo menos un año en la zona del centro. ¿Qué puede hacer la universidad para que sus estudiantes recuperen el tiempo perdido?
Ya he mencionado la necesidad de preparar a los aspirantes a la preparatoria o a la licenciatura mediante un curso propedéutico específico, o sea, un curso que los prepare para iniciar sus estudios en el nivel medio superior o un curso específico para estudiar la licenciatura de su elección. La ventaja de estos cursos propedéuticos es que estarían solventando algunas de las carencias derivadas del forzado sistema virtual de enseñanza y además pondrían en condiciones de igualdad a los aspirantes a ingresar a la universidad.
Esto en el caso de los aspirantes. Y qué hay de las y los estudiantes que están en medio de sus estudios, o incluso de aquellos que cursaron sus dos últimos años en la virtualidad, o que nunca tuvieron la oportunidad de hacer de sus estudios (piensen en los programas de maestría de dos años) un espacio de socialización y de estudio colectivo.
Creo que cada consejo de unidad debería estar atento a las solicitudes de los estudiantes para llevar cursos intensivos dirigidos a llenar posibles lagunas de las materias centrales propias de las distintas licenciaturas; y lo mismo para el caso de las preparatorias. A este tipo de cursos podría dedicarse el interperíodo o verano. No se trata de obligar a los estudiantes a tomar una materia que ya aprobaron, sino de atender su solicitud en caso de que así se diera.
Hemos estado demasiado tiempo sujetos a las evaluaciones externas y se nos ha olvidado cómo realizar nuestras formas propias de diseño y evaluación de materias, planes de estudios y programas, diseño y evaluación específicos de cada disciplina. Es tiempo de tomar en nuestras manos estas tareas y discutir en nuestras academias por áreas, disciplinas y materias el engranaje conceptual que hace de nuestros programas educativos cuerpos coherentes de conocimientos: el “saber que” como sustento del “saber cómo”.
Hacer de la actividad educativa una actividad colectiva incluye la posibilidad de confrontar ideologías, opiniones y puntos de vista que no sólo alimenten a nuestros estudiantes sino a nosotros mismos como académicos del nivel superior. ¿Cómo expandir la actividad académica colegiada? ¡Expandiéndola!
Retomando la labor directriz de las academias y de los consejos de unidad. Ésta es la única manera de deshacernos de los aparatos burocráticos que han usurpado las funciones de estudiantes y docentes.
¿No les parece a ustedes de la mayor importancia ser autónomos para retomar el diseño y la evaluación de la educación superior y no sólo recurrir a la autonomía para retrasar todo lo posible el regreso a clases presenciales?