-Fíjate que a veces me siento triste, me dijo Alma.
-Creo que todos nos sentimos tristes alguna vez; no creo que nadie en vida no conozca la tristeza.
Más artículos del autor
-Sí, pero ahora me doy cuenta de que salir de compras me quita la tristeza.
-Bueno, mientras te alcance el presupuesto para pagar tus gastos, no tendrás crisis.
-No es a lo que me refiero…
-¿A qué te refieres?
-A que siento consuelo y satisfacción, si no es que alegría, cuando me compro algo.
-Bueno tener cosas lindas y nuevas, da satisfacción y alegría.
-No me entiendes: me refiero a que sólo cuando me compro algo, se me quita la tristeza y me siento bien.
-Bueno, sí, eso ya es otra cosa.
-A eso me refiero.
-¿Y te has puesto a pensar por qué comprar te consuela?
-No.
-¿Hay algo aparte de comprar que te consuele?
-No.
-¿Nada?
-¡No, nada!
-¿Ni hablar con tus familiares o tus amigas o galanes?
-No, nada; me siento triste y lo único que me consuela es comprarme algo.
-¿Desde cuándo haces eso?
-Desde que empecé a ganar buen dinero.
-¿Y qué sientes que te da el dinero que no te lo da nadie más?
-Consuelo.
-¿Encuentras consuelo al platicar con alguien de lo que te entristece?
-No.
-¿Entonces por qué me lo estás platicando?
-¡Porque tengo que bajarles a mis gastos, ya no me alcanza!
-¡Y yo que pensé que estabas triste y confiabas en mí!
-¡Sí, pero más en mi cartera! ¡No hay mejor amigo que un peso en la bolsa!
-¡Tienes razón!
(No reímos con ganas las dos)
-Bueno, por lo menos ya te reíste, se te pasó la tristeza ¡y ya no puedes gastar!, le dije.
-¡Sí carajo!, respondió resignada.