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OPINIÓN

San José Sánchez del Río

El niño mártir de la guerra cristera, una vida de fe y valentía

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Sábado, Febrero 15, 2025

La historia de San José Sánchez del Río es una de las más impactantes de la Guerra Cristera (1926-1929). Con tan solo 14 años, este joven michoacano ofreció su vida en defensa de su fe, soportando torturas inhumanas antes de ser ejecutado. Su grito de “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!” quedó grabado en la memoria de México como un símbolo de valentía y fidelidad inquebrantable.

En este artículo, exploraremos su biografía y el contexto histórico en el que vivió, permitiendo comprender el significado de su martirio y su legado.

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Un México en crisis: La persecución religiosa y la Guerra Cristera

Para entender la vida de San José Sánchez del Río, es necesario conocer la época en la que vivió. A inicios del siglo XX, México atravesaba un período de intensos conflictos entre el Estado y la Iglesia Católica. Aunque las Leyes de Reforma (1857) ya habían limitado la influencia de la Iglesia, fue bajo el gobierno de Plutarco Elías Calles (1924-1928) cuando la persecución alcanzó su punto máximo (Meyer, 1973).

La Ley Calles y el levantamiento cristero

En 1926, el presidente Calles promulgó la Ley Calles, que restringía severamente la práctica del catolicismo. Algunas de sus medidas incluían:

  • Registro obligatorio de sacerdotes.
  • Prohibición de ceremonias religiosas fuera de los templos.
  • Expulsión de sacerdotes extranjeros.
  • Cierre de iglesias y limitación del culto.

Estas acciones generaron una respuesta inmediata de la Iglesia y los fieles. El 31 de julio de 1926, el episcopado mexicano decidió suspender el culto público en todo el país. Esto provocó un levantamiento popular que se convirtió en la Guerra Cristera, un conflicto armado en defensa de la fe (Vargas, 2012).

Los insurgentes, llamados “cristeros”, estaban compuestos en su mayoría por campesinos que, con poca preparación militar pero una fe inquebrantable, enfrentaron a las fuerzas del gobierno con el grito de guerra:
“¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”

En este escenario de conflicto creció José Sánchez del Río, quien sería uno de los mártires más emblemáticos de esta lucha.

Infancia y formación cristiana

José nació el 28 de marzo de 1913, en Sahuayo, Michoacán, en una familia profundamente católica. Sus padres, Macario Sánchez y María del Río, le inculcaron desde niño el amor a Dios y una firme devoción a la Virgen de Guadalupe (González Fernández, 2021).

Desde pequeño, José mostró una fuerte personalidad: era alegre, generoso y profundamente religioso. Participaba activamente en la iglesia de su pueblo y sentía una gran admiración por los cristeros que luchaban contra la persecución religiosa.

Su fe se fortaleció al ver cómo sacerdotes y creyentes eran perseguidos y asesinados por practicar su religión. Convencido de que defender la fe era su llamado, pidió a su madre permiso para unirse a la lucha cristera. Al principio, ella se negó, pero José insistió con una frase que marcó su vida:

“Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión” (Vaticano, 2016).

Finalmente, sus padres aceptaron su decisión, y José partió a la guerra con la firme convicción de que estaba sirviendo a Cristo.

José en el ejército cristero

Debido a su corta edad, los líderes cristeros no le permitieron participar como soldado. Sin embargo, su persistencia lo llevó a ser aceptado como asistente del ejército cristero.

Tarsicio, el joven cristero

José fue apodado "Tarsicio", en honor al mártir cristiano que protegió la Eucaristía en la Antigua Roma. A pesar de no portar armas, se destacó por su valentía y liderazgo. Entre sus funciones estaban:

  • Cuidar los caballos.
  • Preparar la comida para los soldados.
  • Dirigir el Santo Rosario cada noche.
  • Servir como mensajero y abanderado del ejército cristero.

El 5 de febrero de 1928, en un combate cerca de Cotija, Michoacán, el caballo del general Luis Guízar Morfín fue abatido. José, sin dudarlo, le entregó su propio caballo para que escapara, quedando él expuesto a los federales. Fue capturado y trasladado a la cárcel de Cotija (González Fernández, 2021).

Captura y martirio

En prisión, José fue sometido a torturas para obligarlo a renegar de su fe y unirse al ejército federal, pero su respuesta fue firme:

“¡Jamás! ¡Primero muerto! ¡Yo soy enemigo de los enemigos de Cristo Rey!” (Vaticano, 2016).

Desde la cárcel, escribió una carta a su madre, despidiéndose con amor y pidiéndole que no se preocupara por su muerte, pues él estaba listo para encontrarse con Dios.

El camino al martirio

El 10 de febrero de 1928, José fue sacado de la prisión y llevado al cementerio de Sahuayo. Antes de ejecutarlo, los soldados le desollaron la planta de los pies con un cuchillo y lo obligaron a caminar descalzo sobre piedras y tierra (Meyer, 1973).

Cada vez que lo golpeaban o le hacían preguntas, José respondía con un grito de fe:

“¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”

Al llegar al cementerio, lo apuñalaron repetidamente para que renunciara a su fe, pero José se mantuvo firme. Cuando le preguntaron si tenía algún mensaje para su familia, respondió:

“Nos veremos en el cielo” (González Fernández, 2021).

Finalmente, un soldado le disparó en la cabeza. José murió con una sonrisa en el rostro y su última palabra fue “Cristo”. Su cuerpo fue enterrado sin ataúd hasta que años después fue trasladado al Templo Parroquial de Santiago Apóstol en Sahuayo.

Legado y canonización

El testimonio de José se convirtió en un símbolo de resistencia y fe. Fue beatificado el 20 de noviembre de 2005 y canonizado el 16 de octubre de 2016 por el Papa Francisco (Vaticano, 2016).

Cada 10 de febrero, su historia es recordada en México y el mundo, inspirando a generaciones de creyentes.

Conclusión

La vida de San José Sánchez del Río es un poderoso ejemplo de amor a Cristo y fidelidad a la fe, nos enseña que la fe no tiene edad y que el amor a Dios puede llevarnos a actos de heroísmo inimaginables. Su historia nos desafía a preguntarnos: ¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por lo que creemos?

En tiempos de prueba, su testimonio nos recuerda que la fidelidad a Dios es la mayor fortaleza que podemos tener.

Referencias
Laicos en la Vida Pública. (2025) San José Sánchez del Rio - Una Vida de Fe y Valentía. Podcast en Spotify.
González Fernández, F. (2021). San José Sánchez del Río: Santo y Mártir. Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina.
Meyer, J. (1973). La Cristiada: Vol. I. Siglo XXI Editores.
Vaticano. (2016). Canonización de San José Sánchez del Río. Ciudad del Vaticano.
Vargas, E. (2012). Historia de la Guerra Cristera en México. Editorial Trillas.

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