Una característica de los seres humanos (Homo sapiens) es sin duda el lenguaje, que no solo es fundamental para comunicarnos, sino que también lo es para aprender y desarrollar áreas del cerebro que se encargan del control de la boca, la lengua, la laringe (con las cuerdas vocales) y del ritmo respiratorio para emitir los sonidos característicos en cada lengua o idioma, las denominadas vocalizaciones.
Recientemente, el Dr. Darnell y sus colaboradores del Instituto Rockefeller han descubierto un gen llamado NOVA-1 que se encuentra en los humanos modernos, pero no en los denominados Neandertales de Europa y en los Denisovanos de Asia Central, que nos preceden en la evolución del género homo hace 250,000 a 300,000 años y que se asume no tenían un lenguaje sino tan solo emitían expresiones guturales.
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De manera muy relevante cuando este gen NOVA-1 se introdujo en ratones de laboratorio, estos roedores cambiaron su repertorio de vocalizaciones y lo enriquecieron de tal forma que pudieron emitir más y diversas vocalizaciones en el rango del ultrasonido, que es la forma en que se comunican los ratones para socializar como la comunicación que se da entre madre e hijos, o en una pareja durante la cópula, o bien cuando se acicalan.
Por último, en algunos pacientes con alteraciones del lenguaje, se ha podido mostrar que tienen mutaciones en el gen NOVA-1. De tal forma, que todas estas observaciones apuntan a que existe un gen que brinda las características necesarias para la generación del lenguaje, y apoya además algunas teorías que propusieron que el lenguaje humano es una característica propia del hombre y que a través del aprendizaje en las primeras etapas de la vida le damos la entonación de cada región y el número de palabras dependerá primero de oír las palabras y después a través de la lectura de textos enriquecer el vocabulario.
Estos hallazgos son fundamentales para establecer estrategias de cómo enseñar a los niños y también debería ser la base para nuevas opciones terapéuticas para los trastornos del lenguaje.