El tema que domina la conversación nacional en días recientes y que aún prevalece, es la cancelación de las visas estadounidenses de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila y su esposo Carlos Torres. Ni el anuncio del nuevo Papa León XIV y sus primeros pasos en el Vaticano, ni el viaje en paquete turístico de familiares de El Chapo Guzmán, cortesía del FBI, han opacado este asunto. No es para menos.
Desde la óptica del manejo de crisis y comunicación que ha emprendido la pareja bajacaliforniana y su equipo, ha sido sin exageración, desastrosa. Han cometido errores de forma y de fondo que han contribuido a su escalamiento.
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Una de las premisas centrales en el manejo de crisis y de la comunicación, consiste, en primer lugar, distinguir si el evento se trata de un problema o de una crisis. La diferencia no es menor: un problema puede ser gestionado con información adecuada, discreción y control de daños. Una crisis, en cambio, exige un abordaje estratégico, transparente y buena comunicación.
Si se efectúa un análisis incompleto y defectuoso -a partir del acopio de información sustantiva- el diagnóstico será equivocado y las consecuencias serán inevitables. Estaríamos sin duda en la ruta de acentuar el problema.
Presentar la cancelación de visas como un trámite administrativo menor, sin ofrecer información verificable y suficiente, fue un error de cálculo. Es decir, si se trataba de un problema menor y la comunicación fue errática y vacilante, abrimos espacio a la especulación y contribuimos a escalar el asunto y entonces sí, convertirlo en crisis. Crearla donde supuestamente no existía.
Pero si, por el contrario, el empeño es tratar de ocultar deliberadamente los hechos y la gravedad de un problema, para pretender minimizarlo y generar una percepción de que se trata de un hecho insignificante y no de una crisis, entonces seguramente encararemos un problema de mayores dimensiones.
Comunicación errática e incompleta
En el caso mencionado, participaron esencialmente tres actores centrales: Marina del Pilar, su esposo y el gobierno de Estados Unidos.
El 10 de mayo, Carlos Torres, publicó en Facebook, la revocación de su visa. Precisó que no fue informado de los motivos de la cancelación y que no está sujeto a investigación formal en México ni en Estados Unidos. “Tengo la conciencia tranquila”, agregó.
La mandataria estatal en un mensaje en X, en las postrimerías del día de la madre -11 de mayo- anunció “Poco tiempo después, recibí una notificación similar” a la de su esposo, cancelándole la visa de turista. Estimó el episodio como un asunto de carácter administrativo.
En otras palabras, ambos comunicados fueron breves, evasivos y minimizadores; se limitaron a decir que era un asunto de carácter nimio, que pronto solucionarían. Concluyeron indebidamente, al valorar, suponemos, todas las variables, que nunca escalaría a una crisis. Esa era su apuesta.
Sin embargo, en sus mensajes omitieron información sustantiva. Eso provocó que los vacíos de información fueran ocupados inmediatamente por la prensa y las redes sociales, con teorías de toda índole.
Carlos Torres no informó en su primer comunicado, por ejemplo -y esto ha sido verificado por fuente periodísticas- que le negaron el ingreso a California hace un par de semanas. Según esa versión, que no ha sido desmentida, agentes de CBP, al ser retenido en la garita, le comunicaron directamente a él sobre la cancelación de su visa por instrucciones de Washington. Las circunstancias de la revocación nunca han sido explicadas por él.
Marina del Pilar, por su parte, no amplió la información sobre el caso de su esposo y mucho menos, aclaró cómo fue notificada por el gobierno estadounidense. Solo reiteró de manera enfática que “no hay ninguna acusación o investigación en nuestra contra”.
Un tercer actor en silencio
El gobierno de Estados Unidos, como en el caso del secuestro y traslado del Mayo Zambada a ese país y otros más, ha mantenido la confidencialidad sobre los motivos que originaron la cancelación de las visas, a pesar de ser un evento inédito en la historia reciente de la relación bilateral México-Estados Unidos – nunca se había cancelado una visa a un gobernante estatal mexicano-. La embajada de ese país en México se limitó a señalar institucionalmente que es un tema confidencial.
De crisis personal a crisis nacional
A cinco días de que estallara el caso, ninguno de los tres protagonistas, ha explicado las causas de la inusitada medida. La pareja bajacaliforniana, asegura que están perplejos, que nunca han sido informados y que son inocentes – aunque nadie los ha acusado- mientras prevalece el mutismo estadounidense, por más solicitudes que ha reiterado la presidenta Sheinbaum.
En el centro del escándalo, persisten las sospechas de posibles vínculos con actividades ilícitas. Existen antecedentes de narcomantas, acusaciones públicas de un exgobernador y una presunta lista de políticos mexicanos bajo observación de las agencias estadounidenses que han sido ventiladas en medios y redes.
Frente a esto, resulta evidente que ya no hablamos de un asunto administrativo. Se trata de una crisis política en evolución y ascenso, con impacto no solo en Baja California, sino también, como gusano barrenador, al gobierno federal.
La falta de información, el manejo comunicacional fallido y la negativa a reconocer la magnitud del hecho han contaminado la percepción pública y debilitado la legitimidad institucional mexicana. Seguiremos esperando que el país vecino informe.
Cerrar sin resolver: otro error de cálculo
Las crisis tienen tiempos y ciclos y es imposible cerrarlas a voluntad propia, más en estas condiciones, en las que todavía no sabemos qué la ocasionó y a que ninguno de los tres que lo saben, dan a torcer su brazo.
Aunque parezca inverosímil y otra lección a tomar en cuenta en el deficiente manejo de crisis y comunicación, la gobernadora intentó dar por cerrado el episodio, mediante un video en el que se hizo acompañar de todo su gabinete. Buscó precipitadamente cerrar una crisis que ni siquiera se ha abierto completamente.
Declaró que la medida de Estados Unidos fue “injusta y juzgada sin verdad”, habló de violencia de género, afirmó que no hay delito ni falta alguna, “no le busquen no hay nada que esconder o averiguar” y concluyó que “la verdad y el tiempo pondrán las cosas en su lugar”.
Una señal de algo mayor
Tal ha sido el revuelo, que ya se especula, no sin sustento, sobre una posible una oleada de cancelaciones de visas a personajes de la política nacional asociados al crimen. Si se confirma, estaríamos no ante un caso aislado, sino frente a “La Crisis de las Visas” con implicaciones serias para la clase política. Solo hemos presenciado la punta del iceberg.
Más allá de las interpretaciones, el caso de Marina del Pilar y Carlos Torres debería convertirse en una lección de lo que no se debe hacer ante una crisis: minimizar, ocultar, improvisar y pretender que el silencio resolverá lo que solo la verdad puede explicar.
Pd. El 9 de mayo Marina del Pilar publicó un X en el que informa que se reunió con el Cónsul General de Estados Unidos en Tijuana, Christopher Teal. ¿De qué temas hablaron? Ya sabían ambos, de la escena de Carlos Torres en el cruce fronterizo.