México enfrenta una encrucijada crítica entre el estancamiento institucional, el deterioro democrático y el aumento de la desigualdad. Ante este panorama, la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) propone un Modelo de Desarrollo Inclusivo (MDI) como alternativa estratégica que "evite escenarios radicales o inerciales" y que, en cambio, impulse "la equidad, la democracia, el crecimiento económico y un Estado Democrático y de Derecho".
Esta propuesta encuentra una profunda resonancia con los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que desde Rerum Novarum hasta Fratelli Tutti ha insistido en que el desarrollo debe estar centrado en la dignidad de la persona, la justicia social y el bien común. Como afirma el papa Francisco, "no hay desarrollo sin solidaridad" (Fratelli Tutti, n. 114).
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El Modelo de Desarrollo Inclusivo: Visión, riesgos y alternativas
El MDI se concibe como una estrategia integral que busca “reducir la inequidad”, “retomar el crecimiento” y “frenar la destrucción institucional”. La DSI afirma que el desarrollo no puede reducirse a un crecimiento meramente económico. Juan Pablo II en Sollicitudo Rei Socialis sostiene: "El auténtico desarrollo humano es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas" (n. 20).
Evitar un “escenario radical” o “escenario inercial” requiere un cambio de rumbo ético y social. Benedicto XVI, en Caritas in Veritate, nos recuerda: "El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que la verdad llena de amor... no es producida por el hombre, sino que se encuentra en Dios" (n. 79).
Empresa con propósito: Eje del desarrollo inclusivo
El MDI propone que “la empresa es un vehículo para el desarrollo inclusivo” y debe integrar principios de solidaridad, productividad responsable y ciudadanía activa. Esta visión coincide con el principio del destino universal de los bienes, según el cual “la propiedad privada tiene una función social” (Compendio de la DSI, n. 177). La empresa, en tanto institución humana, está llamada a servir al bien común, y su legitimidad moral se funda en su capacidad para promover la dignidad del trabajo y la equidad.
La DSI enseña que "la actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales mediante la simple aplicación de dogmas economicistas" (Caritas in Veritate, n. 36), y exige que la economía esté al servicio de la persona. Por ello, el MDI coincide con la necesidad de una economía que promueva lo que el papa Francisco llama “una ética amiga de la persona” (Evangelii Gaudium, n. 203).
Los grupos de interés y la nueva cultura empresarial
La guía de actuación del MDI propone niveles de "bien ser" para los grupos de colaboradores, familias, proveedores y comunidad. Esta estructura encarna el principio de subsidiariedad, donde cada actor asume su responsabilidad con libertad, apoyado sin ser suplantado por otros niveles institucionales (Compendio de la DSI, n. 186).
Para los colaboradores, se sugiere atender la pobreza multidimensional (salario digno, salud, educación), lo cual responde a la enseñanza de Francisco: “El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal” (Laudato Si’, n. 128).
La atención a las familias de los trabajadores, y la promoción de su “vida digna”, encarna el principio de la familia como célula básica de la sociedad. Como lo indica Familiaris Consortio: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia” (n. 86).
Condiciones para la implementación: Realismo ético
El MDI parte de supuestos como la formalidad empresarial y la gradualidad en la implementación. Estos principios coinciden con lo que la DSI llama "discernimiento ético", es decir, la aplicación progresiva de la justicia dentro de las posibilidades reales, sin claudicar en los valores. Juan XXIII ya advertía: “La justicia debe ir acompañada por la prudencia” (Mater et Magistra, n. 51).
Además, el proceso propuesto en ocho pasos —desde el autoconocimiento hasta la evaluación— refleja una ética de responsabilidad y participación. El papa Francisco exhorta a “una política y economía con visión de conjunto, integradora, no fragmentada” (Fratelli Tutti, n. 191), lo cual exige procesos empresariales sistemáticos y orientados al bien común.
Un nuevo pacto social desde la empresa
El MDI no solo es un instrumento técnico, sino un llamado moral a transformar la empresa mexicana en protagonista de justicia social. En palabras de Benedicto XVI, “la economía necesita la ética para su correcto funcionamiento, no una ética cualquiera, sino una ética amiga de la persona” (Caritas in Veritate, n. 45).
Frente a una cultura del descarte y un mercado que tiende a la concentración del poder, el modelo propuesto por COPARMEX representa una oportunidad concreta para ejercer la caridad política y empresarial, promoviendo la equidad, la subsidiariedad y el bien común. La empresa se convierte así en “vocación noble, orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos” (Evangelii Gaudium, n. 203).
Les invito a escuchar el podcast de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:
https://open.spotify.com/episode/4xAHwyitFXDS24abRIoRQ8?si=nYRrdCi9TryXbpkPGOpVZA&nd=1&dlsi=690be032dedb4943
Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in Veritate. Vaticano.
Consejo Pontificio Justicia y Paz. (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Vaticano.
COPARMEX. (2024). Hacia un Modelo de Desarrollo Inclusivo en México.
Francisco. (2013). Evangelii Gaudium. Vaticano.
Francisco. (2015). Laudato Si’. Vaticano.
Francisco. (2020). Fratelli Tutti. Vaticano.
Juan Pablo II. (1987). Sollicitudo Rei Socialis. Vaticano.
Juan XXIII. (1961). Mater et Magistra. Vaticano.
Juan Pablo II. (1981). Familiaris Consortio. Vaticano.