Lunes, 27 De Julio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La crisis en Nicaragua

Organismos internacionales advierten que el régimen de Ortega ha intensificado la represión

René Sánchez Juárez

Politólogo y Maestro en Ciencias Políticas. Académico de la BUAP. Sindicalista y dirigente FROC-Puebla. CONLABOR. Ex Diputado Local y Federal

Domingo, Julio 26, 2026

En un discurso reciente con motivo del 47 aniversario de la Revolución Sandinista, el presidente Daniel Ortega sorprendió al declarar que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”. El mandatario de 80 años afirmó que no permitiría que “partidos puestos por los yanquis” intentaran “atrapar el gobierno” y consolidar el poder, cerrando así cualquier simulacro democrático. Esta declaración, que ha sido interpretada como un paso hacia un modelo de partido único similar a Corea del Norte, ha generado una ola de condenas internacionales y reacciones de la oposición en el exilio. 

Nicaragua vive una profunda crisis política y humanitaria. Según informes de organismos internacionales, el régimen de Ortega y su esposa, Rosario Murillo (copresidenta), ha intensificado la represión desde 2018, con detenciones arbitrarias, persecución a opositores, control total de instituciones y violaciones sistemáticas de derechos humanos. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la ONU ha documentado detenciones políticas, muertes bajo custodia y un aparato represivo que busca eliminar cualquier disidencia interna, incluso dentro del propio Frente Sandinista. La economía también sufre: alta migración, dependencia externa y sanciones que limitan el margen de maniobra del gobierno. 

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Venezuela, Cuba y Nicaragua, estos tres regímenes forman una red interdependiente de apoyo político, económico y de seguridad que ha resistido sanciones y presiones. Sin embargo, enfrentan vulnerabilidades inéditas: colapso económico, pérdida de legitimidad y aislamiento internacional. Mientras Venezuela ha visto intervenciones más directas y Cuba soporta un bloqueo histórico, Nicaragua aparece como el eslabón más débil pero también menos prioritario en términos de recursos. 

A diferencia de Venezuela, rica en petróleo, Nicaragua carece de recursos naturales estratégicos que motiven una acción por intereses económicos. Su economía es modesta, basada en agricultura, remesas y maquilas. Aun así, razones geopolíticas podrían impulsar una mayor intervención de Estados Unidos bajo la administración Trump. Centroamérica representa un flanco de seguridad clave: migración masiva hacia la frontera sur de EE.UU., posible influencia de potencias como China o Rusia, y el riesgo de inestabilidad regional que afecte a aliados como Costa Rica o Honduras. 

Washington ya ha respondido con sanciones a funcionarios y familiares de Ortega-Murillo, restricciones de visas y llamados a la acción internacional. El secretario de Estado Marco Rubio ha condenado el fin de las elecciones y ha advertido que el régimen no puede esperar “negocios como siempre”. Nicaragua no constituye una amenza militar para Estados Unidos, aunque sí ocupa un lugar relevante en la competencia geopolítica en Centroamérica. 

El futuro es incierto. Mientras Ortega apuesta por la represión y alianzas residuales con Rusia y China, su influencia comercial por un posible canal interoceánico, debido a la cercanía de ambos océanos, la comunidad internacional observa si la crisis nicaragüense se convertirá en un nuevo frente de confrontación. Sin recursos naturales como palanca, cualquier intervención estadounidense se justificaría en términos de valores democráticos y estabilidad geopolítica en el “patio trasero” de EE.UU. Y es que Nicaragua sí representa un riesgo para los EE. UU. pero de manera limitada.

 

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