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Cultura
Hallada en 1790, esta monumental pieza sigue deslumbrando por su iconografía y simbolismo
Foto: INAH
El 17 de diciembre de 1790 marcó el descubrimiento de la Piedra del Sol, un colosal monolito mexica hallado en el Zócalo de la Ciudad de México. Con un peso de 24 toneladas y un diámetro de 3.60 metros, esta pieza es un ícono del México antiguo. Erróneamente conocida como Calendario Azteca, representa el mito de los cinco soles y la cosmogonía mexica, con el rostro de Tonatiuh en su centro.
Según especialistas, como el arqueólogo Felipe Solís, la piedra pudo haber sido una plataforma ceremonial para sacrificios. Su impacto cultural y arqueológico radica en su compleja iconografía, que incluye glifos y numerales que narran las eras del mundo. La fecha grabada en el monolito, matlactlihuan y ceacatl (13 caña), indica que fue concluida en 1479, bajo el mandato de Axayácatl.
Tras su hallazgo, el monolito fue exhibido al aire libre en la Catedral Metropolitana, donde sufrió daños por abandono y vandalismo. Según registros, incluso sirvió como blanco de tiro para soldados del siglo XIX. Estas circunstancias llevaron al gobierno porfirista a trasladarla en 1885 al Museo Nacional, donde se convirtió en el corazón de la Galería de Monolitos.
En 1964, la Piedra del Sol encontró su lugar definitivo en el Museo Nacional de Antropología, en la Sala Mexica. Su traslado fue un evento memorable, con una procesión por Paseo de la Reforma que celebraba este símbolo nacional. Desde entonces, esta obra recibe a miles de visitantes que admiran su majestuosa presencia.
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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) destaca que este monolito no fue usado como calendario, sino como un homenaje al tiempo y al orden cósmico. Su diseño en anillos concéntricos y glifos representa la historia y las creencias de los mexicas sobre el universo.
La Piedra del Sol sigue siendo un recordatorio tangible del esplendor prehispánico. Más allá de su peso y tamaño, simboliza la conexión de una civilización con el tiempo, la naturaleza y lo divino, consolidándose como un emblema cultural de México en el mundo. (LV)