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La combinación de fragancias es uno de los métodos más creativos para un aroma exclusivo y hecho a medida
Foto: Cortesía
Los perfumes son mucho más que un complemento invisible, erigiéndose como una forma de expresión, personalidad y una sutil forma de dejar huella a cada paso. En este mundo en el cual los aromas son tan personales como una firma, la combinación de fragancias es uno de los métodos más creativos para aquellos que buscan un perfume exclusivo y hecho a medida.
El layering es una técnica que cada vez gana más fanáticos, pues permite jugar con esencias, intensificar ciertas notas y construir aromas irrepetibles. Entre las principales ventajas de la combinación de perfumes, está el hecho de ganar sofisticación y hacer que una fragancia dure mucho más a lo largo de la jornada.
El layering de perfumes, también conocido como combinación o superposición de fragancias, consiste en aplicar diversos aromas en capas para que el resultado sea totalmente personalizado y único.
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En vez de limitarse a una sola esencia, el layering permite jugar con combinaciones de perfumes Miniso y de otras marcas, potenciando matices y logrando una firma olfativa irrepetible. Si bien ha ganado mucha popularidad en este último tiempo gracias al impacto de las redes sociales, el layering cuenta con raíces muy antiguas.
Por ejemplo, culturas como la árabe lo practican desde hace muchos años, empleando bálsamos, aceites esenciales y perfumes. Actualmente, es un método con enfoque creativo y sensorial, pues habla de la personalidad mediante el aroma que se elige construir.
Uno de los principales puntos destacados de las combinaciones de perfumes es la facilidad que tiene de crear un aroma que no se encuentra en otro lado. Es la técnica perfecta para aquellos que sienten que los perfumes comerciales no los representan o buscan evitar oler igual al resto. Esta forma de expresión personal combina gusto, intuición y arte.
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Sumado a eso, la superposición de fragancias es clave para modificar la estructura de variantes como el Kajal perfume, haciendo que dure más horas, se sienta más fresco o cálido, o resalte las notas favoritas del usuario. De esta manera, es posible adaptar la fragancia a diversos climas, momentos del día y estados de ánimo.
Comprender la importancia de las familias olfativas es sumamente relevante para dominar el arte del layering. Todos los perfumes son construidos mediante la mezcla de notas pertenecientes al menos a una familia: floral, amaderada, frutal, oriental, especiada, verde, acuática, cítrica, y demás.
Dichas categorías sirven para clasificar los aromas y saber de qué manera interactúan entre sí. Por ejemplo, los acordes cítricos tienden a ser frescos y ligeros, combinando de gran manera con familias acuáticas o florales suaves.
En cambio, los amaderados se caracterizan por su calidez y profundidad, aportando estructura a mezclas especiadas o dulces. Al entender el funcionamiento de las familias, es mucho más sencillo e intuitivo combinarlas.
Si bien el layering puede ser considerado un juego, cuenta con ciertas reglas básicas a conocer si se desea obtener resultados bien equilibrados. En primer lugar, no todos los perfumes están hechos para ser combinados.
Es muy importante evitar la mezcla de fragancias demasiado complejas o intensas, ya que pueden competir o incluso colisionar. Lo ideal es recurrir a uno simple/limpio de base y potenciar con una capa más compleja o dominante.
Otra regla clave es respetar la estructura aromática. Hay que pensar en términos de acordes: los de salida son más volátiles y se perciben primero, y los de fondo son más densos y duran varias horas. Por eso, al superponerse, las notas ligeras no deben ser opacadas.
También hay que probar en una pequeña porción de piel la combinación a realizar, ya que un layering de perfumes Kajal u otras variantes puede funcionar de gran manera en papel pero no en el cuerpo, pues este tiene una química distinta.
En caso de no saber por dónde comenzar, el individuo debe comprender que existen combinaciones prácticamente infalibles. Por ejemplo, el sándalo y la vainilla generan un fondo cremoso, cálido y elegante.
Los acordes cítricos como la mandarina o bergamota se llevan muy bien con florales blancos como el neroli o jazmín, creando una mezcla delicada y luminosa. El almizcle es considerado un comodín en el mundo de la perfumería, porque suaviza y conecta con casi cualquier otra fragancia.
Algunas combinaciones son más arriesgadas, como el cuero con florales para un contraste seductor, y oud con frutas rojas para que el resultado sea tan exótico como intenso.
Para no arriesgar demasiado, en el mercado hay perfumes Miniso y de otras marcas “layering-friendly”, que combinan con muy bajo riesgo de generar disonancia.
Uno de los errores más frecuentes al practicar layering es exagerar con las cantidades. La aplicación de dos o tres fragancias sin mesura posiblemente genere un aroma invasivo, desbalanceado y puede que hasta desagradable para el portador y el entorno.
Una de las claves es dosificar: utilizar un perfume de base y otro de acento, dejando que ambos respiren. En aromas intensos, menos es más. Otro error frecuente es realizar layering sin conocer las notas ni probar con antelación.
Que dos perfumes gusten por separado no garantiza un buen desempeño combinados. Además, los perfumes evolucionan con el paso de los minutos y cambian según la piel, de manera que se recomienda probar unas horas antes con el fin de garantizar que el resultado es el deseado.
El orden de aplicación de las capas puede modificar totalmente el resultado del layering. Usualmente se empieza con la fragancia más duradera e intensa como base, y después se aplica la más fresca o ligera por encima. Esto da lugar a un agregado de matices sin tapar excesivamente la personalidad del primer perfume.
No obstante, se puede hacer a la inversa en caso de desear predominancia de los aromas volátiles. Otra técnica frecuente es la aplicación de fragancias en distintas zonas del cuerpo.
Por ejemplo, se puede poner una en las muñecas y otra en el cuello, o una en la piel y otra en la ropa. Esto genera un efecto envolvente que permite la convivencia de los aromas sin que compitan. Además, contribuye en la evolución aromática a lo largo de la jornada.
Tener en cuenta la temporada u ocasión es un punto clave, porque no es lo mismo armar una combinación para días calurosos o para noches invernales. En climas cálidos, lo ideal es recurrir a combinaciones ligeras y frescas, con acordes verdes, cítricos o acuáticos.
Estos se llevan bien con el calor, sintiéndose naturales y livianos. En contraste, con el invierno se sugiere experimentar con fragancias complejas y cálidas, como cuero, ámbar, maderas orientales o especias.
La ocasión es otro factor a considerar. Durante el día, convienen las mezclas limpias, discretas y vibrantes, pero durante la noche estas pueden ser más sensuales e intensas.
El layering no se limita exclusivamente a los perfumes. Se puede comenzar con un aceite corporal perfumado o crema como base. Esto, además de hidratar la piel y ayudar a que la fragancia dure más, suma una primera capa aromática sobre la cual construir.
También se recomienda la inclusión de jabones, body mists, sprays para el cabello o geles de ducha. Estos sirven para agregar ligereza y fijar el aroma sin sobrecargar. (DFD)