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Conoce cuáles son los significados ocultos de esta palabra viva
¿Te dicen bellaca , ¿te insultan o te halagan Aquí te decimos
Foto: Composición e-consulta
En un mundo donde las palabras van y vienen, pocas resisten el paso del tiempo como “bellaca”. A simple vista, suena a término anticuado, tal vez de novela o refrán, pero su historia está lejos de ser cosa del pasado.
Esta palabra, que sigue resonando en el habla cotidiana de distintas regiones hispanohablantes, ha logrado adaptarse, transformarse y, sobre todo, mantenerse viva en el uso popular. En México, particularmente, tiene una fuerza muy especial… y muy bravía.
Según la Real Academia Española (RAE), bellaco o bellaca puede tener hasta tres significados: “malo, pícaro, ruin”; “astuto, sagaz”; y uno muy nuestro, el de “caballería difícil de gobernar”. Este último ha echado raíces profundas en regiones como Puebla, donde todavía se le escucha a los abuelos, vaqueros o campesinos decir que tal o cual mula “salió bien bellaca”.
Y es que, en los caminos de tierra y las rancherías donde el trato con animales sigue siendo cosa de todos los días, “bellaco” es una palabra que se gana con hechos. Un caballo inquieto, que no se deja montar, que se rebela con cada intento del jinete, no es solo un reto: es un bellaco. Así se dice, con resignación y un poco de respeto, porque el animal se ha ganado su fama. La lengua, al igual que los caballos, también tiene su carácter.
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Pero el término no se queda en el rancho. En otros rincones de México y del mundo hispano, la palabra muta. En algunos contextos urbanos, bellaca se usa para señalar a alguien ingenioso, que se las arregla para salirse con la suya, aunque no siempre con los métodos más limpios. Es la figura del pícaro, del que rompe las reglas con una sonrisa y se lleva el premio sin que lo vean venir. No por nada existe la frase “mentir como un bellaco”, con todo y su sabor a picardía descarada.
Incluso en charlas casuales entre amigos, bellaco puede aparecer con un tono más juguetón, casi cómplice. A veces, para describir a alguien terco, otras para señalar a quien hace ruido donde no debe. En todo caso, nunca pasa desapercibido.
El valor de una palabra como esta está en su capacidad de abarcar realidades distintas: desde un animal que se resiste a ser montado hasta una persona que engaña con maña, pasando por los matices intermedios de la astucia, la rebeldía o la terquedad. Como ocurre con muchas palabras de la lengua española, el uso moldea el significado, y “bellaca” es un buen ejemplo de cómo el idioma no solo describe el mundo, sino que también lo doma… o intenta hacerlo. (LV)