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Un amor imposible inspiró esta balada que aún toca fibras profundas
La historia de Si te pudiera mentir de Marco Antonio Solís
Foto: Composición e-consulta
Hay despedidas que duran un segundo y otras que duran toda la vida. Marco Antonio Solís amó y sufrió en silencio. Cuando ya no pudo más, escribió una canción para soltar lo que su alma se negaba a dejar ir.
Porque cuando el amor es tan grande; ni el tiempo, ni la distancia, ni la voluntad más férrea pueden arrancarlo del corazón. Quédate, yo sé que te encantará.
¿Alguna vez has intentado convencerte de que ya olvidaste a alguien, pero en el fondo sabes que es mentira? Marco Antonio Solís lo intentó. Se dijo a sí mismo que su historia con ella había quedado en el pasado, que esas noches de amor y promesas ya no tenían significado. Pero el corazón no se deja engañar.
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En una madrugada en Morelia, cuando el insomnio le pesaba más que los párpados, la música llegó como un golpe certero. La melodía apareció de la nada, como un susurro divino, como una verdad imposible de seguir ocultando. Porque si pudiera mentir, si pudiera decirse a sí mismo que todo iba bien, lo haría. Pero no podía. Nunca pudo.
Dicen que esa mujer fue su amor imposible, la que llegó antes de tiempo y se fue muy tarde. La que lo miró con una mirada que lo ató a un destino del que nunca pudo escapar. Su nombre: Marisela. La vida se la arrebató no una, sino dos veces. Esa última despedida fue la que lo dejó vacío.
Los días pasaban y él seguía atrapado en la sombra de lo que fue. Recorría su casa como quien camina por un cementerio, mientras intentaba revivir un amor que ya no estaba, que ya no era suyo. Hasta que entendió que había solo una forma de liberarse: convertir su dolor en canción.
"Si te pudiera mentir, te diría que aquí todo va marchando bien..." Pero no era cierto. Nada estaba bien y no volvería a estarlo.
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El destino quiso que Rocío Dúrcal la interpretara en 1990. Y sin saberlo, su voz llevó al mundo el lamento de un hombre que se había quedado atrapado en un amor imposible de olvidar.
Porque hay historias que no se cierran, solo se convierten en ecos en la memoria. Tarde o temprano, cuando la vida nos obliga a mirar atrás, entendemos que hay amores que no se quedan, pero tampoco se van. (BH)