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Nación
La mujer sufrió quemaduras en el 98% de su cuerpo; los médicos le dieron sólo un 2% de vida
Vista área de la pipa que explotó / en círculo, mujer que salvó a su nieta
Foto: Xinhua / Redes sociales
La tarde del 10 de septiembre de 2025, la calzada Ignacio Zaragoza en Iztapalapa se convirtió en un escenario de fuego y desesperación; eran las 14:07 horas cuando una pipa con 49 mil litros de gas licuado volcó en el Puente de la Concordia, desatando una explosión que lanzó ráfagas de llamas hasta 30 metros de altura.
En medio del caos, emergió Alicia Matías Teodoro, de 49 años, checadora en las combis del paradero Santa Martha. Salió de casa esa mañana con su nieta, de dos años, en brazos.
La pequeña, hija de su hija Jessica, la acompañaba al trabajo porque su madre no tenía con quién dejarla.
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"Mi mamá es una guerrera. Ama intensamente a sus hijas y a su nieta", relataría después Sandra, hermana de Alicia.
La pipa de la empresa Silza, que transportaba gas LP, se volcó y liberó una nube tóxica que tras un “chispazo” provocó que la unidad se encendiera y explotara en apenas 15 segundos; Alicia, de pie junto al puente cubrió a la bebé con su cuerpo, envolviéndola como un escudo humano contra el fuego.
Videos de testigos lograron captar a Alicia, una abuela de rodillas sobre el pavimento en llamas, con el cabello quemado y la piel colgándole, abrazando a la niña.
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"La vi salir de casa a las nueve, y a las dos ya era esto", contó su vecina Karen Millán, quien reconoció a Alicia en los videos de los heridos.
Fue el oficial Sergio Ángel Soriano, de la Policía Bancaria e Industrial, quien patrullaba el Cetram Santa Martha y era su primera semana allí, se convirtió en el primero en auxiliar a Alicia y la pequeña.
Con 18 años de servicio en la Secretaría de Seguridad Ciudadana, había visto a Alicia de pasada, pero las quemaduras la volvían irreconocible.
Corrió hacia ellas, tomó a la menor en brazos, cuya piel se derretía al tacto, y, ante la imposibilidad de solicitar ambulancias por el tráfico colapsado, pidió ayuda a su cuñado que llegó en motocicleta con su hermana. "Íbamos en contrasentido, hasta chocamos, pero logramos entrar al hospital”; dijo el oficial.
"En ese momento no lo pensé, pero sí me dolió al sostenerla y ver que era una bebé. Yo también tengo una chiquita, y fue muy duro", recordó Soriano. La gente nos apoyó mucho", narró Soriano
Alicia caminó por sí sola hasta el Hospital General de Zona 53 del IMSS, a medio kilómetro del siniestro, mientras Soriano regresaba por ella.
La mujer sufrió quemaduras en el 98 por ciento de su cuerpo, según su familia; los médicos le dieron sólo un 2 por ciento de probabilidades de supervivencia tras un colapso al ingresar.
"Los doctores hacen todo lo posible. Esperamos un milagro", dijo su hija Jessica en una entrevista, quien también comentó que Alicia sufrió un shock y habría perdido la memoria.
La menor de dos años, con lesiones en el 60 por ciento de su cuerpo, manos, cara, brazos, espalda y piernas, fue internada en el Hospital General de México y sometida a cirugía para retirarle la piel quemada. De este procedimiento salió estable. "Está anestesiada, pero bien", dijo Jessica.
Afuera de los hospitales, vecinos montaron mesas con café, ponche y tortas para familias de las víctimas; vendedores ambulantes regalaban jugos.
Edson Martínez, repartidor en app, ofrecía traslados gratuitos en moto con un letrero improvisado: "Yo los llevo". Su tía se unió con su auto, y su abuela preparó sándwiches desde casa. "Fue algo que nació de uno mismo, sin costo", explicó.
Esta tragedia paralizó el corazón de la Ciudad de México, entre las alcaldías de Iztapalapa y Chalco. En segundos, 18 vehículos ardieron, el asfalto se cubrió de cenizas y el aire se llenó de gritos.
Esa jornada les arrebató la vida a ocho personas, y 94 resultaron heridas, 22 de ellas en estado crítico, según el saldo inicial de las autoridades.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, dio los nombres de las 70 personas heridas y dos no identificadas, con sólo 17 dados de alta hasta ahora. (PSR)