Desde el siglo pasado la industria alimentaria ha generado varios químicos con capacidades endulzantes, los denominados edulcorantes artificiales. Por otro lado, contamos con alimentos con un sabor dulce porque tienen el azúcar de caña o de remolacha, o bien la fructosa que contienen todas las frutas, o de la lactosa en la leche y sus derivados, estos son los denominados edulcorantes naturales.
Los edulcorantes artificiales tienen un mayor dulzor que los productos naturales y dado que tienen un menor valor calórico, se asocia a que son productos dietéticos, lo que no es verdad. Adicionalmente, en diversos estudios se ha mostrado que el consumo de estas sustancias se asocia con problemas gastro-intestinales, diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares e incluso síntomas cerebrales.
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A la fecha, tenemos seis edulcorantes artificiales: sacarina, aspartame, acesulfame, sucralosa, neotame y advantame, los cuales se encuentran en muchos de los productos denominados “light”, dado que tienen menos calorías. Ahora sabemos que al contacto de un edulcorante artificial con la lengua se produce una respuesta de placer en el cerebro, y además se desencadena por vía refleja la secreción de la insulina, la hormona que ayuda a metabolizar los azúcares y a mantener los niveles óptimos de glucosa en la sangre.
Pero resulta que como no se han ingerido azúcares (carbohidratos), lo que resulta en que los tejidos del cuerpo se hagan resistentes a la acción de esta hormona, y provocar la denominada resistencia a la insulina y sus consecuencias metabólicas, como es la de incrementar los niveles de grasas en la sangre y la posible formación de placas de grasa (aterosclerosis) en el corazón, el cerebro y otros órganos, con el consecuente riesgo de infarto.
Como verá amable lector, los alimentos “light” no sirven para bajar de peso y tienen consecuencias dañinas, así que evítelos y acuda a un médico o a un nutriólogo si desea bajar de peso. Ellos le indicarán una dieta y seguramente un plan de ejercicios.