No quiero parecer repetitivo ni negativo ante la falta de recursos en el sector social. He escrito en este espacio repetidamente sobre el comportamiento de la caridad en el mundo, las donaciones en México y los cambios sociopolíticos que influyen a la escasez de recursos destinados al sector social o a la filantropía. Tampoco quiero ser fatalista, pero sí intento despertar el interés y provocar la acción estratégica entre quienes nos desempeñamos en la filantropía.
Como sabemos, el ecosistema de las organizaciones de la sociedad civil en México atraviesa una paradoja crítica. Por un lado, existe una demanda social insatisfecha que crece frente a un Estado que, por decisión política, presenta incapacidad operativa y estrategia financiera, no solo retiró el financiamiento si no también el acompañamiento, endureciendo sus políticas regulatorias y su observancia a la sociedad organizada.
Más artículos del autor
Por otro lado, el sector civil parece estar perdiendo la carrera contra el tiempo y la tecnología: no solo les cuesta trabajo acceder a las pocas oportunidades de financiamiento disponibles, sino que, cuando lo hacen, operan con métodos del siglo XX que los donantes y las nuevas generaciones ya no respaldan o bien no lo hacen porque cree que siguen esperando que los recursos lleguen por sí solos.
El diagnóstico es alarmante. Datos recientes indican que, de las aproximadamente 40 mil organizaciones registradas en México, apenas una cuarta parte se mantiene activa. El 95 por ciento de los recursos que operan son autogenerados o autogestionados, es decir, salen de los propios directores o presidentes, sin embargo, culpar únicamente al entorno resulta un ejercicio cómodo pero insuficiente. El problema de fondo no es solo la falta de dinero o la falta de donantes, sino la falta de imaginación y de agresividad estratégica para gestionarlo.
Se dejan de aprovechar las escasas oportunidades, no se generan nuevas estrategias, no se accede a lo que se ofrece como innovación por desconocimiento y por falta de ganas de doblar el esfuerzo, daño que hoy se refleja de tantos años de costumbre a fondos oficiales que en su mayoría no existen ahora o bien no fueron sostenibles.
Entre 2020 y 2026, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) revocó la condición de "Donataria Autorizada" a 1,444 organizaciones. Este estatus no es un simple papel; es el oxígeno financiero de cualquier organización de la sociedad civil (ONG) que aspire a crecer, pues permite a los donantes deducir impuestos, forzándolos a operar bajo figuras legales que les impiden competir por fondos de gran envergadura, pero no es limitativo para accionar ante esta situación con modelos o estrategias innovadoras, disruptivas, locas fuera del cuadro de la comodidad para hacer aquello que impacta en los niveles de vida de personas.
Existe en el sector la falsa percepción de que el financiamiento internacional se ha secado por completo. La realidad es más compleja: los fondos existen, pero han cambiado de dueño y de requisitos. Mientras muchas organizaciones mexicanas se quejan de la escasez, plataformas como Tinker Foundation siguen movilizando millones de dólares hacia América Latina.
Sin embargo, las convocatorias actuales ya no buscan únicamente "buenas intenciones". Los donantes internacionales están priorizando soluciones tecnológicas, escalabilidad y, sobre todo, innovación en inteligencia artificial y medición de impacto. Aquí es donde el sector mexicano muestra su mayor debilidad.
¿Qué falta, qué esperar, qué sucede? La sociedad civil en México no quiere invertir en capacitación, las capacitaciones con costos altos son las mejores y las gratuitas o de bajo costo no son importantes o aprovechadas, una lógica extraña. Las grandes universidades ofrecen cursos o diplomados como una oferta educativa aun cuando son universidades que no conocen el sistema no gubernamental, pero es un buen negocio captar a esa población.
Y la profesionalización debe ser un dogma: La era de la "improvisación con causa" terminó. Se requieren equipos especializados en procuración de fondos que entiendan el universo de donantes nacional e internacional y hagan propuestas que satisfagan su necesidad de donar y la urgencia de ocupar esos recursos.
El sector parece haber olvidado que el storytelling, la sostenibilidad y los modelos de ingresos recurrentes, pedir a la gente de manera directa, no son lujos, sino necesidades operativas y urgentes que las hagan depender menos de los proyectos etiquetados, de las propuestas a concurso con mayor competencia que ha vuelto a las ONG reactivas y conservadoras.
Diario escucho por mi labor de consultor en procuración de fondos a directivos o personal operativo decir que no hay fondos, que no tienen captación, que no tienen financiamiento, mi pregunta inmediata refiera a qué hacen para que suceda, y las respuestas van desde nada hasta solo tengo dos donantes, mi esposo, esposa y un familiar, pero siempre encuentro un vacío en la capacidad de responder ante ofertas reales de implementar ideas de comprobada eficacia, rápidas y ágiles que abren el abanico de la atracción de recursos para las causas.
Es que las grandes captan todos los fondos, algo con lo que debo cargar todos los días, pero no es que sean grandes o que acaparen los fondos, son organizaciones que optaron por tener la procuración de fondos como una disciplina institucional, una conducta, una rutina profesional, un hábito personal, no un acto de urgencia o fortuito. “Hay quienes se sientan a contemplar y hay quienes se lanzan tras la oportunidad”, ¿quién crees que tenga más éxito?
Quien contempla, entiende; quien actúa, transforma.
Ejemplo real, en Puebla se vivirá la Feria del Estado del 23 de abril al 10 de mayo donde encontrarás un stand llamado Tómbola con causa, Diez organizaciones, una cada día operarán una tómbola con boletos de treinta y cinco pesos todos con premio, productos con causa o de producción social en sus organizaciones, un día, una oportunidad, un esfuerzo, una innovación, una oportunidad, agradecemos a Michelle Talavera, directora de Parques y Convenciones del Gobierno del Estado, su apertura y ejemplo de que si se puede sumar esfuerzos con la sociedad civil.
Ya escribiré sobre la existencia de las juntas de asistencia privada en gran parte del país como modelos institucionales para las fundaciones patrimoniales surgidas por la ley de asistencia de los estados.
Pero sirva estas líneas para dar la bienvenida a Fernando de Jesús Guzmán Bretón, quien fue nombrado recientemente, presidente de la Junta de Asistencia de Puebla. Empresario educativo con gran interés de crear mejores de condiciones y oportunidades para las instituciones de asistencia privada en el estado, así mismo a Efraín Portales Arjona, nombrado director de la junta, también empresario con toda la actitud y compromiso por ser un puente de entendimiento entre gobierno y el sector de la filantropía en Puebla.
Deseo lo mejor en su gestión, ante la oportunidad de hacer historia ayudando de manera profesional y puntual.
Esto es Letras con causa.