La relación bilateral entre México y España atraviesa un momento de fragilidad. Persisten diferencias históricas sin una disculpa oficial española por los abusos de la Conquista, lo que genera susceptibilidades recurrentes. En este contexto sensible, la reciente visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha exacerbado las tensiones en lugar de tender puentes.
Durante su estancia en México, Ayuso protagonizó varias polémicas. Encabezó un homenaje a Hernán Cortés —figura ampliamente rechazada en México como símbolo de invasión, violencia y esclavismo—, defendió el mestizaje y criticó duramente al gobierno actual, llegando a calificar a México como un “narcoestado” en declaraciones previas.
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Estas posturas generaron rechazo inmediato, protestas y la cancelación de parte de su agenda, incluido un evento en la Riviera Maya. Ayuso acortó su gira de diez a seis días y denunció un “clima de boicot” orquestado por el gobierno mexicano.
En España, la izquierda madrileña reaccionó con dureza. El grupo Más Madrid envió una carta de disculpa a la presidenta Claudia Sheinbaum y al pueblo mexicano, lamentando el “ridículo” perpetrado por Ayuso, sus “provocaciones gratuitas, insultos y bulos” y su “visión imperial”. La formación acusó a la popular de usar viajes institucionales con fines ideológicos y de boicotear los esfuerzos por mejorar las relaciones bilaterales.
En México, la visita también generó un pequeño contrapeso: un reducido grupo de simpatizantes (“ayusers”) se concentró frente a la embajada mexicana en Madrid para un “desagravio”, aunque con escasa asistencia.
La presidenta Claudia Sheinbaum criticó abiertamente a los opositores mexicanos que invitaron a Ayuso: “Traen a una española que reconoce a Hernán Cortés, el conquistador”, y enfatizó que la grandeza de México radica en sus pueblos originarios, no en la narrativa de la Conquista.
Sheinbaum vinculó el episodio a una supuesta alianza de la derecha internacional, reforzando su mensaje de soberanía y memoria histórica frente a lo que considera injerencias externas. Este episodio pone de manifiesto cómo las diferencias ideológicas y las heridas históricas siguen condicionando la diplomacia entre ambos países.