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Cada Semana Santa alrededor de cien hombres realizan este viacrucis en Atlixco
Foto: Joselyn Meneses
“No somos delincuentes, somos hombres con fe”, repiten con firmeza los hombres que cada Semana Santa forman parte del grupo de engrillados en Atlixco. Durante aproximadamente tres horas, recorren las calles cargando pesadas cadenas y espinas incrustadas en la piel, enfrentando no solo el dolor físico, sino también el estigma social de quienes los juzgan como penitentes culpables, como si buscaran redimirse de algún crimen. Pero para ellos, esto no es un castigo, es una manifestación de fe profunda.
En entrevista para e-consulta, José Luis Rojas Cuenca, quien ha sido parte de esta tradición por más de 30 años, relata que ser engrillado es un acto de fe. Él comenzó cuando tenía apenas quince años, motivado por un compromiso espiritual que ha crecido con el tiempo.
“Una cosa es ser católico y otra muy diferente es conocer tu religión”, afirmó. La preparación para este acto va mucho más allá del físico, cada año, desde la primera quincena de febrero hasta el Domingo de Ramos, los participantes asisten a encuentros y charlas con sacerdotes y expertos, profundizando en el verdadero significado de la Cuaresma y la Semana Santa.
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La decisión de participar es completamente personal. “Cada persona se prepara individualmente. Hay jóvenes que no se preparan y a la mitad del recorrido se desmayan”, relató Rojas Cuenca. El desgaste físico es extremo como deshidratación, calambres, asfixia, quemaduras por el sol, magulladuras por las cadenas y posibles infecciones por las espinas, que ellos mismos se incrustan en la piel.
Las espinas provienen de un cactus especial, conocido en la región como atrapa gatos o aguacil. Antes, se recolectaban en los cerros, como parte de la penitencia; hoy, debido a su escasez, los engrillados cultivan sus propios cactus para mantener viva la tradición. Algunos incluso utilizan una corona de espinas, aunque esto es opcional.
El grupo de engrillados de San Francisco tiene una historia de más de cien años. Originalmente, esta práctica comenzó como una forma de cumplir promesas o mandas. Con el paso del tiempo, el sentido ha evolucionado, pero su esencia sigue siendo la misma que es la gratitud, fe y amor a Dios.
Durante la procesión, que se lleva a cabo el Viernes Santo los hombres caminan con cadenas que pesan más de 50 kilos, cubiertos con faldillas y un pañuelo en el rostro para mantener el anonimato, principalmente para evitar el morbo. Simulan el viacrucis de Jesús no para expiar culpas, sino como un acto de entrega espiritual.
“Esto es completamente un acto religioso, no es un acto de castigo ni de condicionamiento. No venimos a pagar culpas. Nosotros simplemente lo hacemos por devoción”, reiteró José Luis. “Quien sale aquí lo hace de manera personal. Es un acto de bondad o agradecimiento”.
En Atlixco, la figura del engrillado es símbolo de una fe que se carga con el cuerpo, se sufre con el alma y se vive en silencio. Porque más allá del dolor, está el amor incondicional a Dios.
En Atlixco, las actividades más destacadas se encuentra la tradicional Procesión de Engrillados de San Francisco, la procesión está programada para el viernes 18 de abril a partir de las 10 de la mañana. (RC)