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Rafael Cabrera regresa del olvido

Poeta poblano casi olvidado por más de 80 años resurge en archivos, crónicas y estudios académicos recientes

Rafael Cabrera regresa del olvido

Monumento y busto a Rafael Cabrera erigido por el grupo literario "Bohemia Poblana, en el Paseo de San Francisco.

Foto: Redes Sociales

I. Presagios centenarios

Rafael Cabrera Camacho, poeta nacido en la Angelópolis en 1884, habría mirado con asombro los nuevos desbordamientos del río San Francisco el pasado 28 de junio y el miércoles 8 de julio: igual perplejidad le habría producido que el agua fluyera sobre asfalto —que él no conoció— y se meciera sobre el Bulevar Héroes del 5 de Mayo, así denominado desde 1965.

Cabrera —cuyo apellido Camacho suele suprimirse cuando se escribe sobre él— permanece en su hemiciclo del Paso Viejo, Hidalgo (o San Francisco), donde el 20 de junio de 1954 fue develado el busto del médico egresado del Colegio del Estado (hoy BUAP), muerto el 21 de febrero de 1943 sin haber vuelto a publicar poesía tras su único poemario, Presagios, que ha alcanzado tres ediciones, la última hace 76 años, ninguna de ellas asequible actualmente.

¿Quién está preparando o ya tiene lista la edición crítica de ese poemario, el cual ha de ser revalorado en su justa valía a 113 años de su primera edición?

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El doctor en historia José Carlos Blázquez Espinosa publicó en Amoxcalli, revista de teoría y crítica de la literatura hispanoamericana, número 16 (2025), el artículo "Rafael Cabrera, un ateneísta olvidado", con el cual suple, con tino, amplitud y eficacia, el olvido al que alude. Ahí califica al poeta como "un hombre de vida intensa y apasionada cuyo comercio con las musas terminó tempranamente" y "cuya presencia […] está llena de olvido".

Un hallazgo curioso: en LibriVox, plataforma de "liberación acústica de libros de dominio público", se ofrece Poetry of Hispanic America: Mexico. Selected poems of Rafael Cabrera, leídos para el sitio por Newgate Novelist, a partir de una traducción de Alice Stone Blackwell (1857-1950), contemporánea casi exacta del poeta angelopolitano. Esa traducción fue publicada en The Stratford Journal en 1919.

Enrique Cordero y Torres informó que Cabrera dejó la embajada de México en Argentina —que encabezaba—, decepcionado y enfermo; "se aisló del siglo" y habría pedido a su esposa e hijo que no hicieran pública su muerte, ocurrida el 19 de febrero de 1943. La noticia, sin embargo, trascendió y le valió un homenaje ese mismo mes en el número 9 de la revista Bohemia Poblana. Después vendrían placas, busto, una pérgola y el aparente olvido.

II. No existe el olvido

Enrique Cordero y Torres, en la segunda edición de su libro Crónicas de mi ciudad (1966, aumentada; la primera es de 1955), reprodujo —sin dar fecha ni lugar de publicación— su respuesta al artículo de Salvador Azuela, "Rafael Cabrera, poeta olvidado". Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana (SCM), lo había "publicado en la capital de la República y en el suplemento dominical de El Sol de Puebla", informa Cordero, de nueva cuenta sin precisar fecha.

Azuela presidió el SCM durante veinte años, en distintos periodos: de 1955 a 1959, del 27 de octubre de 1962 al 25 de noviembre de 1967, y de 1971 a 1983, año de su muerte.

Es probable que el artículo citado por Cordero haya sido escrito por Azuela entre 1955 y 1967, y más probable aún que se publicara entre 1962 y 1967, pues la respuesta del poblano ocupa uno de los últimos lugares en el libro de 1966. Sin embargo, en la página 372 se cita "el reciente" Diccionario general de Puebla, que data de 1958, por lo que el texto de Azuela podría haberse impreso durante su primer periodo al frente del SCM.

Cordero reproduce lo escrito por el presidente del SCM: "Por poemas del rango de 'Asrael', 'Epitafio', 'Augurios', 'Nihil' y 'Sin palabras' Rafael Cabrera merece mejor suerte de la que ha sufrido."

El periodista, escritor, biógrafo y antologador poblano dedica una larga respuesta —de la página 368 a la 372 de su libro— para explicar que no existe tal olvido. Comienza citando que la viuda y el hijo de Cabrera, de quienes no da nombres, tenían prohibido por el propio poeta dar noticia de su muerte, finalmente ocurrida el 21 de febrero de 1943.

Ese mismo mes y año, Bohemia Poblana dedicó el número 9 de su revista a Cabrera. Cordero cita la larga nómina de quienes escribieron sobre él: Alfonso G. Alarcón, Rafael B. García, Domingo Couch Vázquez, Salvador Fidel Ibarra, Delfino C. Moreno, Atenodoro Monroy, Florencio Carrillo y Álvarez, Miguel Marín H., León Sánchez Arévalo, José Miguel Sarmiento, Gregorio de Gante, César Garibay, Gabriel Sánchez Guerrero, Genaro Ponce y Luis Casarrubias Ibarra.

Tres poetas —así los presenta Cordero— hicieron posible que en noviembre de 1943 se instalara una lápida de mármol en la pérgola del fraccionamiento San Francisco, con el nombre del poeta, a instancias de Bohemia Poblana —revista hoy desaparecida—, en el sitio donde estuvo el molino del mismo nombre: Alfonso Meneses González, alcalde; José Basilio de Unanue, secretario, y el regidor Ramón Díaz Ordaz.

El 11 de marzo de 1951, por gestión de "Acción Social y Económica de Puebla Pro Puebla", en la casa donde nació el poeta —contigua al Colegio del Estado, hoy Universidad— fue colocada una placa de mayólica con su nombre. Tras la ceremonia se realizó una velada en el aula máxima de la universidad en su honor.

Detalla Cordero que en 1953 se integró un "Comité Pro Monumento a Rafael Cabrera", encabezado por el empresario Enrique Benítez. El busto, situado en un hemiciclo, fue develado el 20 de junio de 1954.

El historiador poblano transcribe nuevamente la nómina de participantes en ese acto: representantes de diversas academias, sociedades literarias y científicas del país, especialmente de Tlaxcala, Veracruz e Hidalgo, así como una delegación de "Bohemia" de cada entidad y una sociedad de exalumnos del Colegio del Estado.

Destacó en ese acto Julio Torri, representante de la Academia de la Lengua y amigo de Cabrera, de quien posteriormente se publicaría la correspondencia entre ambos, según refiere el doctor Blázquez Espinosa.

Tras detallar que el monumento costó sesenta mil pesos —de la época—, Cordero revela que Bohemia Poblana dedicó a Cabrera el número 132 de su revista, fechado en julio de 1954, donde se incluyeron los discursos y poesías leídos durante la develación, entre ellos el de Torri.

Cordero recuerda además que, desde que era Colegio del Estado, la Biblioteca José María Lafragua (de la cual Cabrera fue director en dos ocasiones) conservaba un "Salón Rafael Cabrera".

Precisó también: "Sus poesías constantemente se reimprimen, pudiendo asegurar que no hay revista poblana que surja que no incluya sus poemas", aunque no menciona publicaciones específicas. Señala que las reimpresiones de Presagios (1913) se hicieron en 1935 por La Enseñanza Objetiva S.A. de Puebla, y en 1950 por "Acción Social y Económica Pro Puebla", con aportación mayoritaria, nuevamente, de Enrique Benítez.

El folleto de 32 páginas "Cabrera y su tiempo" fue escrito por Enrique Juan Palacios —según Cordero— y publicado por Bohemia Poblana sin fecha precisa. El texto "provocó discusiones y polémicas en México", haciendo recordar nacionalmente el nombre del poblano, aunque tampoco se detallan los motivos.

El libro Poetas y escritores poblanos, de Cordero y Torres, fue prologado por Francisco Monterde, entonces director de la Academia Mexicana de la Lengua, quien se refiere a Cabrera en su escrito, coincidiendo el año del prólogo con el de la muerte del poeta, 1943.

Cordero cita también la publicación, en el tercer cuatrimestre de 1956, del argentino Raúl Vallejos, en el número XXXIII de la revista de la Universidad San Carlos de Guatemala: un "amplísimo estudio […] posiblemente el único por sus proporciones y acuciosidad en la compilación de datos" sobre Cabrera.

Asimismo, refiere "el reciente" Diccionario general de Puebla (1958), donde Cabrera "tiene asignaciones en los capítulos de biografías, diplomáticos, escritores, libros y monumentos, con numerosas fichas".

Finalmente, Cordero cita al historiador y periodista Fortino Ibarra de Anda, quien en la página 56 del Boletín número 4, año decimocuarto, segunda época, de la Academia Nacional de Historia y Geografía, escribió:

"Y de esta manera se robustecerá la verdad que Rafael Cabrera, fulgurante estrella en el cielo poético de México, no ha muerto en sus versos, ni en el más allá, ni en el recuerdo de sus paisanos, ni aun en el bronce que lo representa en el romántico parque del Paseo Viejo."

III. Tiempo de mujeres

En su libro Arqueoantología de poemas de mujeres en Puebla. La Lira Poblana y primera mitad del siglo XX, Guadalupe Prieto Sánchez (IMACP, 2022), página 34, refiere la "moda" de las poetas de finales del siglo XIX y principios del XX de no firmar sus textos: "…el anonimato de las mujeres también tenía la finalidad de no ser excluidas de las editoriales y revistas. Esta clandestinidad se debía a una falta de seguridad, ya que en ocasiones las críticas escritas por hombres que se sentían con la integridad moral de hacerlo, solían ser devastadoras, destructivas."

La maestra en Literatura Mexicana por la BUAP cita entonces el caso de Rafael Cabrera quien, al comentar Rumores de mi huerto, de María Enriqueta (Camarillo), escribió en la revista Don Quijote, Tomo I, No. 7, publicada el 1 de agosto de 1908, tras elogiar a la veracruzana:

"Todas las demás cantan lacrimosamente sentimientos falsos o falseados en versos algunas veces pasaderos, pero casi siempre raquíticos y prosaicos. Caricaturizan los sentimientos, y en lugar de transmitir al que las lee la emoción que sintieron al escribir, le despiertan el buen humor amodorrado, a la manera de esos anteojos de risa que deforman las imágenes haciéndolas adquirir proporciones ridículas."

La crítica de Cabrera continúa:

"A cualquiera que se le presenten sin firma composiciones de diversas poetisas, jamás podrá decir esta es de X, esta otra de Z; y no podrá diferenciarlas porque todas parecen vaciadas en un mismo molde […] parecen nacidas de un mismo cerebro anemiado. Estas poetisas son incapaces de sentir por sí mismas, y necesitan que otro haya sentido por ellas, para glosarlo servilmente, haciendo variaciones sobre un mismo tema."

Y es contundente: "Además la manía de la música las hace decir atrocidades, con tal que el verso suene; nada importa que las ideas anden tan escasas en sus producciones, como la honradez en muchas almas contemporáneas."

Sin embargo, Prieto cita también el prólogo —inédito— de un poemario de Luz del Carmen Gómez Haro, donde Cabrera es más mesurado y "la describe 'de imaginación indomable'" y de "aguda sensibilidad", con "un tono amable y compasivo" que iguala sus poemas a lo que "siempre cantaron los poetas", sin especificar más.

Debido a la amistad de Cabrera con el padre de Luz, escribe Prieto Sánchez, pocos años después el poeta cambió su crítica hacia la poesía femenina, al menos respecto a la obra de Gómez Haro.

IV. Juez olímpico

En la página Olympedia se da noticia de que Rafael Cabrera Camacho participó en los Juegos Olímpicos de verano de Ámsterdam en 1928 (IX Olimpiada), como juez de las justas de literatura dramática, épica y lírica, parte de los concursos de arte olímpico realizados en tres sedes de esa ciudad de los Países Bajos, del 12 de junio al 12 de agosto de ese año. Además de literatura, se expusieron pintura, escultura y arquitectura.

El médico, poeta y diplomático poblano participó como juez en las fases finales de las categorías abiertas. Es probable que las competencias literarias se hayan realizado en francés, idioma en el que, junto con el neerlandés, se elaboraron los carteles que anunciaban el encuentro.

El doctor Blázquez Espinosa recuerda que Cabrera tradujo al español, entre otros autores, a Marcel Schwob. ¿Dónde y cuándo aprendió francés el poblano, y cómo llegó a dominarlo antes de vivir en Bélgica? Lo cierto es que lo dominaba lo suficiente como para ser juez de escritores de diversos países.

En esas justas de 1928 las mujeres compitieron por primera vez en atletismo. La estadounidense Betty Robinson ganó la medalla de oro; en 1931, tras un accidente de aviación, fue declarada muerta, aunque en realidad permaneció en coma, despertó, usó silla de ruedas y cinco años después, ya repuesta, ganó una segunda medalla de oro en Berlín. Murió a los 87 años.

V. Recordaciones

El 5 de marzo de 2025, el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM publicó en su página de Facebook "Memoria de Rafael Cabrera":

Después del rudo estrago,
me enerva la quietud apetecida:
soy un inmenso y apacible lago
que retrata el paisaje de la vida;

y mis linfas que al aura se estremecen
y que la autora tiñe de escarlata,
en las tardes azules palidecen
y en las noches de luna son de plata.

Es cuanto. (LV)

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