Martes, 9 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sin condón, ¡no!

Una cadena de desaciertos y el rechazo de su padre, hizo que una joven salpicara rencor a su paso

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Marzo 11, 2022

Cumplía tres décadas y quería tener un hijo, no sólo por su edad sino por las condiciones de sus órganos reproductivos. El ginecólogo le indicó que sería su última oportunidad de embarazarse, y si no lo lograba como era su deseo, tendría que sacarle la matriz. Es soltera, sin pareja estable, por lo que planeó que en el viaje de capacitación que realizaría el fin de semana siguiente, seguro podría tener relaciones sexuales con alguien.

Todo sucedió como lo planeado: se encontró un compañero de curso, fueron a comer y sin ningún contratiempo, logró acostarse con él, sin condón, mero en esos días fértiles. Se embarazó, pero el ginecólogo al advertirle que era de alto riesgo tendría que estar en cama las 38 semanas restantes sin levantarse ni hacer esfuerzo alguno. Pidió permiso en su trabajo y estuvo acostada los ocho y medio meses restantes.

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Su embarazo fue difícil y riesgoso pero la niña nació bien. Tenía que regresar a trabajar, pero la mandaron a otro estado, por lo que sus padres, a pesar de no estar de acuerdo con su decisión de tener una hija de esa manera -pero fascinados con la bebé-, se quedaron con la niña hasta que ella logró su cambio cuando la niña ya era adolescente.

La joven empezó a preguntar por su padre biológico. Fue entonces que ella lo buscó, después de 14 años, y le dijo que tenía una hija de él que lo quería conocer. El señor, aturdido por la noticia, le reprochó el por qué se había tardado tanto en buscarlo cuando ella sabía dónde encontrarlo, que ya estaba casado y tenía dos hijas. Ella le rogó ir a conocerla, aunque fuera una sola vez. Se encontraron padre e hija y él vio su enorme parecido con sus hijas. Él le llevó un presente y pasaron una tarde juntos.

La joven quiso volver a ver a su padre. Se lo pidió a su madre quien lo llamó, pero él ya no quiso volver a verla porque sentía que no era justo para su familia y no quería desestabilizar lo que había logrado. Que si él hubiera sabido de esa situación en su momento, otra cosa hubiera sido. Lo último que le pidió la madre fue que se lo dijera él. Y así lo hizo.

La joven creció resentida, lastimada, dolida. La cadena de desaciertos la hizo salpicar rencor y agravios a todos quienes con buenas intenciones se le acercaban, sin nadie saber exactamente de quién quería vengarse, si del padre… o de la madre.

alefonse@hotmail.com

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