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OPINIÓN

Judas: ¿Traición o tradición?

El concepto de traición ha vuelto a sonar en el discurso político para impugnar al adversario

Antonio Tenorio Adame

Licenciado en Economía por la UNAM, y docente en la BUAP. Fundador de la Academia de Historia y Crónica Parlamentaria y cofundador de la Asociación de Periodistas Democráticos junto con Renato Leduc. Ha sido diputado federal en diversas legislaturas, desde donde ha impulsado la apertura democrática. 

Domingo, Marzo 31, 2024

En la Semana Mayor que concluye ha vuelto a la memoria del pueblo llano, la figura histórica de Judas, el judío más conocido de la humanidad y recordado como traidor. En la tradición de los barrios se quema su réplica.

Sin embargo, Amos Oz en su estupenda novela que lleva el mismo nombre del apóstol denostado, argumenta que este discípulo fue el más cercano al Redentor, solo cumplió los deseos de su Maestro para enfrentar a sus verdugos, cuya denuncia llevó a la crucifixión por lo que sin ella no se hubiera registrado.

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Por otra parte, señala el Premio Nobel, que el delator era el discípulo más brillante rodeado de riquezas, por lo que no requería de las monedas con las que compensaron su denuncia; asimismo es el único que muere junto con Cristo al acudir al suicidio. Su veredicto es a favor de la inocencia de Judas.

Pasando al plano nacional, la aplicación del sustantivo de traición ha vuelto a sonar en el discurso político para impugnar al adversario, como ocurre en el Congreso.

Los partidos políticos y sus afiliados ponen en práctica el recurso acusatorio para reducir al oponente a su desapego al interés nacional y el sentimiento de patria.

La referencia más próxima del sustento de exclusión, corresponde a la frase del presidente Adolfo López Mateos, quien presionado por la intención de revitalizar la Revolución Mexicana y ante la nacionalización de la Compañía de Luz, llegó a manifestar que “es un traidor quien entrega los recursos de la nación”.

Las reformas al 27 constitucional de Carlos Salinas de Gortari y las estructurales de Enrique Peña Nieto modificaron el sentido original de la propiedad de Nación, para separar la renta del bien obtenido en la producción, como fue el petróleo y las prioridades en la distribución de la energía eléctrica. La producción de esos bienes entró al mercado. Cabe la conjetura de tratarse de ¿una entrega de bienes de la nación o bien de la adaptación de requerimientos de competencia impuestas por el mercado?

En la discusión de posiciones entre izquierda y derecha se popularizó la exclusión del adversario para que ambos se descalificaran mutuamente como traidores. A falta de argumentos se lanzan insultos como método nudista de la democracia.:

La Constitución carece de un artículo expreso sobre la traición; en su artículo 22, hasta antes de 1999, existía alusión de traidores al señalar que: “la pena de muerte solo podrá imponerse al traidor a la patria en guerra extranjera con extensión a otros mas  delitos graves de orden penal”; sin embargo, esta sentencia fue derogada en 1999 en  el gobierno de Ernesto Zedillo, para prevalecer los derechos humanos, al quedar establecido en dicho artículo: “Queda prohibida la pena de muerte”.

Los objetivos de la mayoría

En la actualidad la mención de traición corresponde al 108 de la Constitución por la presunta responsabilidad del Presidente de República, y en el 123 del Código Penal:

1. Respecto al primero, señala: “durante el tiempo de su encargo, (el Presidente) solo podrá ser acusado por traición a la patria y delitos graves del orden común”. De tal suerte, que solo será juzgado después de su mandato, aun por responsabilidad generalizada sin que todavía se presente ocasión propicia para su aplicación.

2. En tanto, en el artículo 123 del Código Penal fue sujeto de una iniciativa de reforma del PAN en la sesión del 9 de noviembre de 2017.

3. El proyecto de decreto se plantea, las variantes de ese delito: “Se impondrá la pena de prisión de cinco a cuarenta años y multa hasta cincuenta mil pesos al mexicano que cometa traición a la patria, por actos contra la independencia o de hostilidad contra la nación, participe en grupos armados dirigidos por extranjeros,  dañe la demarcación del territorio nacional, reclute gente para el enemigo en estado de guerra, sirva a la inteligencia enemiga, establezca apoyo a invasores  del territorio nacional, entre otros delitos especificados, a los cuales se propuso añadir “ el cometer actos de corrupción o aprovechar ilícitamente lucrar en desastres que azoten a la población”.

El linde de la traición de la patria se presenta en condiciones de guerra cuando se ayuda o se sirve al enemigo, pero en el caso de los legisladores quienes deben ser mexicanos por nacimiento, su lealtad a la nación es indispensable para que las leyes adquieran legitimidad de origen.

Es en el contexto del orden internacional donde prevalece la jurisprudencia de traición dentro de una conflagración bélica, se entiende por traición como un artilugio del engaño y simulación para aniquilar al enemigo. Tal como ocurrió en la Guerra de los Balcanes en Srebrenica.

La prohibición actual es calificada alternativamente de <perfidia> y <traición> data de la guerra civil estadounidense, pero las declaraciones que prohíbe la clase de subterfugio que llevaron a cabo los serbios de Bosnia en los caminos que dirigían a Srebrenica puede encontrarse en los artículos 37,38, y 39 del Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra de 1977.

En Srebrenica los musulmanes de Bosnia que se rindieron lo hicieron bajo engaño por los serbios, quienes les hicieron creer que eran tropas de la ONU, de acuerdo con los datos en Crímenes de Guerra (Roy Guzmán, Debate 1999).

Asuntos de orden continental

El estigma de la historia patria se erige a partir de las traiciones infligidas en las guerras ocasionadas por el invasor con propósitos de expansión territorial, como ocurrió en los actos de lesa nación de Santa Anna con la pérdida de la mitad del territorio, o de quienes acudieron a Miramar en busca de Maximiliano.

En la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo se ocultaron los desafectos a la Nación y en la incapacidad del Cuarto Congreso para establecer un juicio por deslealtad que facilitó se escurrieran los segundos.

En los tiempos de la globalización la apertura al neoliberalismo se originó a partir de un fraude electoral que propició la firma de tratado comercial con Canadá y Estados Unidos en condiciones de inequidad y desigualdad, que no solo persisten, sino que son ahora más profundas. El crimen de Luis Donaldo Colosio afianzó la relación de asimilación regional, lo que persistió en la ratificación del T-MEC durante la actual administración.

¿Acaso el interés de la patria es un fantasma que se evade?

No. Lo que falta es una idea de nación con base en sus orígenes capaz de adaptarse a los requerimientos del presente, o sea saber negociar como nación de Norteamérica en el concepto de comunidad integrada, como ha ocurrido en la Unión Europea.

 

Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente la línea editorial de e-consulta.

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