Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El cuerpo duele, pero más duele la espera

El curandero no vino hoy, ¿y ahora quién podrá ayudarnos?

Rodolfo Herrera Charolet

Licenciado en Administración de Empresas. Escritor, articulista, periodista, pintor, exdiputado del H. Congreso del Estado y exfuncionario público del Gobierno del Estado de Puebla. Autor de más de veinte libros, en su mayoría sobre temas de corrupción y denuncia pública.

Viernes, Mayo 30, 2025

Crónica de un día en la Angelópolis; 26 de mayo, 2025

No vino.  El curandero rumano de las manos milagrosas, el que cura sin bisturí ni receta, el que solo pone las palmas como quien ofrece pan a las palomas, no apareció en el Paseo Bravo.

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Y ahí estaban ellos, los de siempre, los que creen, los que necesitan creer, los que ya probaron de todo menos el abandono. Había fila desde temprano: la señora del rebozo que apenas camina, el muchacho con la columna hecha trizas, la madre con el niño que no habla. Todos con cara de domingo y esperanza reciclada.

Traían bancos, sombrillas, botellas de agua y, lo más importante, el dolor.
Pero nada.

Mircea Gabriel, el curandero estrella, no llegó.

Algunos decían que le falló la batería del alma, otros que se le cayó la señal del más allá. Un señor con gorra dijo que seguramente lo recogió algún arcángel de esos que no avisan. Yo creo que simplemente se cansó. También los milagros tienen su día de descanso.

Y la fila seguía ahí, como un rezo largo y sin respuesta.

Unos se fueron enojados, otros resignados.

Una señora lloraba bajito. Otra, más práctica, vendía tortas.

Desde hace dos meses, este tipo se sentaba frente a la Iglesia de La Compañía o junto a la estación del RUTA, ponía sus manos sobre la gente y algo pasaba: a veces mejoraban, a veces creían que mejoraban, que es casi lo mismo.

Y eso bastaba.

La Secretaría de Salud ya advirtió que esos toques mágicos no tienen sustento científico. Que no hay papel oficial que respalde su energía. Que eso no es medicina.
Pero cuando te duele el alma, no preguntas por diplomas. Preguntas si alguien puede ayudarte a dejar de llorar en silencio.

Hoy no hubo manos milagrosas.

Solo gente bajo el sol, esperando algo que nunca llegó.

Como suele pasar en este país, y en esta vida. Dicen que el gobierno municipal ya le puso reglas a la fe: sólo 40 creyentes por jornada de milagros.

Nada de aglomeraciones, nada de filas como para concierto de banda grupera.
Cuarenta almas, ni una más, porque después de eso ya no es fe, es disturbio.

Y entonces llegó la ironía con su mejor traje:

la Secretaría de Salud, que no tiene paracetamol ni para los centros de salud, que receta sin surtir, que te da cita para dentro de tres meses con un internista invisible, ahora se preocupa porque el rumano hace su trabajo sin bisturí, sin aguja, sin cobrar.

Lo mejor de todo fue ver a los cazadores de médicos sin título, los paladines del papel oficial, rondando la banca del Paseo Bravo como sabuesos sin hueso.
Pero se fueron con las manos vacías y las ganas llenas de coraje.

Porque Mircea Gabriel nunca dijo que fuera doctor.

Nunca prometió nada. Ni receta, ni pócima, ni cura.

Solo decía: “Déjame ponerte las manos encima un rato, a ver si algo se acomoda.”

Y no cobraba. Ni cinco pesos, ni el diezmo, ni cooperación voluntaria.

Buena voluntad.

Y contra eso, señores, no hay delito.

¿Cómo denuncias la esperanza gratuita? ¿Cómo arrestas el intento de consuelo? ¿Con qué código penal se castiga a alguien que sólo quiere que dejes de sufrir un poquito?

Hoy no vino.

Quizá estaba enfermo. Quizá sanando a alguien más, en otro lado.

O quizá se fue con los ojos cansados de tanto mirar a gente rota.

Pero por si vuelve mañana, la gente ya está anotándose en una lista que no es oficial, ni legal, ni respetada por la autoridad. Una lista como tantas otras que hacemos los mexicanos: para la tanda, para el trámite, para la suerte.

Para no perder el turno, por si un milagro se descuelga del cielo.

Y ahí estaremos otra vez.

Porque el cuerpo duele, pero lo que más duele es la espera.

¿O no lo cree usted?

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