En los campos resecos de los municipios que su ubican en el llamado Triángulo Rojo, donde los caminos polvorientos cubren los secretos de sus caciques y los pobladores susurran historias de abuso y terror, el municipio de Quecholac y su gobierno, son un ejemplo de una realidad que no puede ocultarse.
María Guadalupe, con apenas 23 años, se convirtió en la presidenta municipal más joven de Puebla y, tal vez, en la más frágil y expuesta a la crítica. Su figura delgada, vestida con el chaleco bordado de rigor y el bastón de mando que parece prestado, recorre las calles de Quecholac bajo una sombra que no es suya, pero que la sigue como un segundo cuerpo: la de su padre, Antonio Valente Martínez Fuentes, el agricultor que todos conocen, el hombre que conduce una Lamborghini Urus por caminos de terracería mientras los campesinos dicen que esa riqueza no viene solo de vender zanahorias.
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Lupita, la hija del “Toñín”, como la llaman aquellos que la conocen desde chiquita, habla con voz suave, casi infantil, cuando promete agua, escuelas y caminos. Pero cuando pronuncia la palabra “pueblo”, muchos creen escuchar la voz grave de su padre, la misma que han escuchado siempre, entre sus amenazas y enfados, como aquellos que retumban en los videos de denuncia, la que golpea mesas de cristal y llora hasta por su hija “amenazada”.
Ella dice que estudió Medicina, que dejó la carrera por servir. Nadie lo cuestiona abiertamente, pero en los mercados de Palmarito Tochapan las mujeres en voz baja se cuestionan: “¿Entonces con qué dinero pagó la campaña?
Se dice que fue el dinero de su papá el que compró la candidatura y pagó la campaña, al entonces líder del Partido Social de Integración quien llegó a un acuerdo mutuo, el mismo que la Transparencia en su partido fue lo mismo que un elemento decorativo.
El “Toñín” recorrió las juntas auxiliares en su camioneta, de un precio superior a los 6 millones de pesos, quien repartió despensas y quien, en los mítines, subía a la tarima para “presentar orgulloso a su hija, la próxima presidenta”.
En el Cabildo, Guadalupe firma oficios y preside sesiones con la seriedad que le permite su edad. Pero cuando hay protestas por el agua o por cualquier otro motivo —esas que su padre convoca o desconvoca según le convenga—, ella aparece en primera fila, micrófono en mano, defendiendo a los campesinos. Y aunque jure que no tiene nada que ver con las manifestaciones, dicen los que allí viven que el propietario de esos tractores que bloquean la carretera lleva el logotipo de las empresas agrícolas del “Toñín”.
Sea cierto o no, todo fue solapado por las autoridades, que por temor o acuerdo de llevar la fiesta en paz o de hacer negocio y otros de hacerse de la vista gorda. Cuando hubo un intento de ajuste, los “errores” en el proceso provocaron la anulación de las actuaciones.
¿Complicidad?
Para poder apretar las tuercas es necesaria la llave correcta y para seleccionarla se debe limpiar la casa de quien la utilice. Así la Fiscal General del Estado inició la purga hacia el interior de la dependencia, exhibiendo y destituyendo a funcionarios que se habían coludido con las bandas delincuenciales, inclusive los nombrados por ella misma.
En el año 2021, la Fiscalía General del Estado, encabezada en aquel entonces por Gilberto Higuera Bernal, acumuló cuatro operativos fallidos que pretendían capturar a Antonio N alias “El Toñín”, a pesar de que existía una orden de aprehensión vigente en su contra. Ese año quedó marcado por la impunidad tras los cateos frustrados, enfrentamientos con pobladores y la capacidad del presunto líder huachicolero y ahora “líder agricultor” para escapar repetidamente de los agentes en la zona de Palmarito, Tochapan y Quecholac.
La persecución en contra del “Toñín” vivió su momento más mediático el 9 de agosto de 2021, cuando reapareció públicamente como “influencer” en una transmisión de Facebook tres días después de uno de esos operativos fallidos. Sin mostrar el rostro —oculto bajo sombrero y cubrebocas— y acompañado de su madre y sus hijas, acusó abusos policiales, sostuvo que estaba siendo perseguido y afirmó que la Fiscalía le “fabricaba delitos”. Pero no explicó por qué durante el cateo en el domicilio de su madre se aseguraron armas de grueso calibre, substancias presuntamente prohibidas y equipo de videovigilancia.
El primer operativo se realizó el 6 de agosto en su mansión en La Vista y domicilio en Palmarito. Ese día, los agentes ministeriales catearon la residencia de lujo presuntamente adquirida por el “Toñín” en el exclusivo fraccionamiento La Vista, en la capital poblana. No lo encontraron.
Horas después, por la noche, ingresaron a su domicilio en Palmarito Tochapan, en donde un grupo de habitantes defendieron al “Toñín” que impidió su detención. Los agentes fueron agredidos con palos y pedradas, lo que permitió la fuga.
El segundo operativo realizado el 27 de septiembre se realizó en la Presidencia Municipal de Quecholac, en donde fue asegurado Alejandro, expresidente municipal, quien fue enviado a prisión por delitos cometidos durante su gestión 2018-2021 y que se había reelecto para la administración 2021-2024.
La captura generó protestas encabezadas por el propio “Toñín” quien convocó a los pobladores a manifestarse frente a Casa Aguayo para exigir la liberación de su hermano.
El tercer operativo, el 21 de octubre se realizó en el rancho “El Jazmín” y los túneles de escape de 50 metros de longitud que habrían sido utilizados como rutas de escape y bodegas clandestinas. En el lugar se aseguraron armas largas y substancias presumiblemente prohibidas.
El cuarto y último operativo de ese 2021 se realizó en Palmarito Tochapan y Quecholac, en donde tampoco se logró asegurar al “Toñín”, quien ya contaba con una red de protección comunitaria, sistemas de alerta y rutas subterráneas de escape.
Nuevamente la niña
Lupita entre su temprana juventud y la gran responsabilidad, poco puede hacer ante la defensa feroz de su padre, quien salió en su presunta defensa para increpar al Secretario de Gobernación del Estado, tras una llamada de coordinación realizada a su pequeña los primeros días de diciembre.
En esa defensa, Lupita volvió a ser la niña que estaba a punto de obtener la mayoría de edad, que en 2021 vio cómo los agentes de la Fiscalía catearon su casa buscando a su papá. La misma que asustada fue testigo de cómo los empleados revisaron hasta los cajones de su ropa, en búsqueda de pruebas que lo incriminaran.
Ahora, seis años después, como alcaldesa y dentro del palacio municipal, sus decisiones llevan el eco de esa noche. Cada peso que se aprueba para pozos de agua o para caminos rurales se mira con lupa, se pide opinión o se acatan las órdenes. Dicen los que saben que el agua también se necesita para enfriar los ductos clandestinos.
Lupita sigue adelante, sonríe para la foto, corta listones, entrega becas. Pero en Quecholac nadie se engaña: detrás de la presidenta más joven del estado, hay el respaldo de un hombre poderoso, que hasta ahora nunca ha sido detenido, que nunca ha sido juzgado y que nunca ha sido olvidado. Y mientras la joven veinteañera, firma contratos con su letra temblorosa, la sombra del “Toñín” —con sus tractores, sus camionetas de lujo y los rumores de gasolina robada— se proyecta sobre cada rincón del municipio, tan larga y tan oscura que ni el sol del mediodía logra disiparla.
Pero mientras el “Toñín” no sea inculpado goza de presunción de inocencia, puesto que es un principio jurídico fundamental que establece que toda persona acusada de un delito es inocente hasta que se demuestre legalmente su culpabilidad a través de un juicio justo y con todas las garantías, entre ellas que la detención sea legal y no se violen los derechos humanos. Lo que implica que la carga de la prueba recae en la acusación y que la condena solo puede producirse si la responsabilidad penal ha sido plenamente demostrada con pruebas válidas y lícitas.
Así que, para lograr una culpabilidad, el procedimiento obliga a que no existan filtraciones, malos “operadores” y mucho menos funcionarios corruptos o extorsionadores, que, en su alocada carrera hacia la riqueza mal habida logren perpetuar la impunidad.
¿O no lo cree usted?
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