El denominado cronotipo humano es la preferencia innata individual por la actividad a determinadas horas del día.
Los individuos tienden a ubicarse en un continuo de preferencias desde aquellos que se despiertan temprano y funcionan mejor por la mañana denominados cronotipo matutino, o tipo alondra, ya que estas aves están activas desde temprano
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También hay personas que prefieren actividades en la tarde o noche y dormir muy tarde, los cuales son denominados cronotipo vespertino, o tipo búho, aves activas de noche.
El resto de la población suele clasificarse en un cronotipo intermedio. El cronotipo es una expresión de los ritmos internos, que se suceden en el día y noche denominados circadianos de aproximadamente de 24 horas, los cuales regulan múltiples funciones del organismo, incluyendo el sueño, el metabolismo, la presión arterial o la secreción de diversas hormonas.
Existen evidencias de que el cronotipo vespertino se asocia con niveles más elevados de glucosa en ayuno, hemoglobina glucosilada más alta, grasas como el colesterol y los triglicéridos con niveles más altos.
Adicionalmente, las personas con cronotipo vespertino tienden a presentar con mayor frecuencia hábitos de vida que aumentan el riesgo cardiovascular, como patrones dietéticos menos saludables, menor actividad física, mayor prevalencia de tabaquismo y sueño insuficiente, esto es menor de siete horas, lo que contribuye a un alto riesgo de enfermedad cardiovascular.
Las personas con cronotipo matutino pueden beneficiarse de una mejor alineación entre su reloj biológico interno y los horarios sociales predominantes. Esto puede facilitar patrones de sueño más regulares, mayor adherencia a la actividad física y hábitos alimentarios más estables y saludables, contribuyendo a un menor riesgo de tener un infarto del corazón o del cerebro.
Por lo que se debe considerar al cronotipo en cualesquier estrategias para mejorar la salud cardiovascular.