Aunque la comunidad educativa se concibe como una tríada de estudiantes, docentes y padres de familia, la realidad muestra que el eslabón más débil suele ser el hogar. Sin apoyo, afecto y acompañamiento, los esfuerzos de los maestros se estrellan contra la indiferencia o la hostilidad de quienes deberían ser los primeros aliados en la formación de los hijos.
En el discurso oficial se repite que la comunidad educativa está integrada por estudiantes, docentes y padres de familia. Sobre el papel, esta tríada debería funcionar como un engranaje perfecto que garantice enseñanza y aprendizaje de calidad. Sin embargo, en la práctica, la coordinación entre estos actores es más una aspiración que una realidad.
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Los estudiantes tienen un derecho inalienable: acceder a una educación que los prepare para la vida. Los docentes, conscientes de ello, trabajan día a día por generar aprendizajes significativos. Pero sus esfuerzos se ven limitados por un factor que rara vez se reconoce con la contundencia necesaria: la influencia del entorno familiar.
Numerosos estudios han demostrado que el rendimiento escolar está directamente relacionado con la participación de los padres en la vida académica de sus hijos. El acompañamiento, la atención y el afecto en el hogar se reflejan en la conducta y desempeño escolar. Cuando estos elementos están presentes, los alumnos suelen mostrar seguridad, valores sólidos y un desarrollo integral. En cambio, la ausencia de apoyo, la violencia intrafamiliar o la indiferencia generan resentimiento, bajo rendimiento y actitudes hostiles hacia la escuela (Mayorquín Reyes & Zaldívar Colado, 2019; Cruz Hernández & Tovar Mora, 2018).
La paradoja es clara: mientras los maestros intentan construir aprendizajes, los padres “por acción u omisión” pueden derrumbarlos. La escuela no busca, porque no le corresponde, sustituir el rol de la familia en la formación de valores ni en el desarrollo socioemocional de los estudiantes. Los docentes pueden ser guías, pero no reemplazan el cariño, la disciplina y la presencia que solo los padres pueden ofrecer.
En este contexto, resulta urgente repensar la noción de comunidad educativa. No basta con señalar que está compuesta por tres actores; es necesario exigir corresponsabilidad. La educación no puede seguir siendo un terreno donde los maestros luchan solos contra la indiferencia familiar. Si los padres no asumen su papel, la escuela se convierte en un espacio de resistencia más que de crecimiento.
Aunado a esto, los padres de familia suelen ver al docente como un enemigo que solo busca dañar a sus hijos cuando les llama la atención. Acuden a la escuela “con la espada desenvainada”, buscando venganza contra aquel que tuvo la osadía de corregirlos, y amenazan con acudir a las autoridades educativas para que el maestro sea castigado.
Lo más preocupante es que, en muchas ocasiones, esas autoridades terminan respaldando la postura de los padres, debilitando aún más la labor docente y enviando un mensaje de desprotección hacia quienes sostienen la educación pública.
La conclusión es incómoda pero inevitable: los padres son quienes tienen en sus manos la posibilidad de formar ciudadanos responsables, empáticos y respetuosos, o de condenar a sus hijos a una vida marcada por el resentimiento y la frustración. La escuela acompaña, orienta y educa, pero sin el acompañamiento del hogar, sus esfuerzos se diluyen.
Referencias
Cruz Hernández, A. G., & Tovar Mora, A. R. (2018). Importancia del apoyo de padres en la educación, y su impacto en el rendimiento académico. Universidad Autónoma de México.
Mayorquín Reyes, E. A., & Zaldívar Colado, A. (2019). Participación de los padres en el rendimiento académico de alumnos de primaria: Revisión de literatura. Revista Iberoamericana de Investigación y Desarrollo Educativo, 9(18), 1–20. https://doi.org/10.23913/ride.v9i18.480 (doi.org in Bing)
Cheverría, T. M., & Fernández, O. (2021). La participación de los padres y su incidencia en el rendimiento académico de los estudiantes. Praxis, 17, 45–62. Pontificia Universidad Católica del Ecuador.
Los invito a ver los videos de 30 segundos para conocer las señales, las leyes y reglamentos de tránsito (municipal, estatal y federal) con base en un proyecto de Educación Vial propuesto por quien esto escribe e impulsado por el Dr. Román Sánchez Zamora, académico del ICGDE de la BUAP, con su personaje Rommyn Ciudadano. Los encontrarán en estas direcciones:
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