1. Entendemos lo que llaman discapacidad en el orden mundial, así como otros términos similares que forman parte del modo habitual, de la costumbre médica, de la doxa capacitista, de lo políticamente correcto, de la doble moral que recorre el trato político cotidiano.
El cuerpo ha sido el campo de poder donde los intereses de mercado y la doble moral racista determina, adiestra y aliena las formas sociales que deben imperar como válidas.
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Para nosotros, en este momento de la historia, no existe una dis-capacidad como determinación, concepto estático, fatalidad o totalidad de la entidad tangible e intangible que es el ser humano que lo vive. Es el caso de lo que llaman parálisis cerebral, dis-capacidad psicosocial, espectro autista, otros, otras.
Mientras parte o partes del cuerpo sean órganos vivos, en movimiento, más aún, cuando el niño o niña experimenta, da, infiere, ubica y se ubica, mueve, quita, elige, decide, siente, expresa, reacciona, prefiere, metaboliza, protesta, saca, tira, discrimina información, disfruta, indica, niega, localiza, interpreta, reflexiona, externa, conmueve, dinamiza, interpela, llama, bromea, se comunica y/o alguna de estas, entre otras, entonces estamos ante un ser humano en situación de diversidad funcional o neurodivergente o con una circunstancia física agregada.
Las personas en situación de diversidad funcional no son enfermos.
La discapacidad surge en la interrelación de la circunstancia agregada que vive el cuerpo del niño o la persona en situación de dis-capacidad y el entorno que la limita o excluye de manera directa o sutil.
2. Levantamos la voz pidiendo a médicos, fisioterapeutas, especialistas, profesores, maestras, directivos, académicos, investigadores, a todas las personas pensantes, hombres, mujeres, que no pierdan la dignidad, que no se mercantilicen. Que no sean capacitistas. Que salgan de esa lógica absurda, obtusa y discapacitada de decir y pensar que una niña, un niño así, no puede, no sabe o no debe.
Médicos, maestros, rehabilitadores, fisioterapeutas, psiquiatras, psicólogos, educadores: no naturalicen esquemas y prácticas capacitistas de segregación y normalización de los cuerpos y las personas, especialmente de las infancias.
Salgan del oficio, los discursos, la demagogia, los programas, los ordenamientos sin alma y realicen en lo cotidiano los ajustes razonables. Los ajustes razonables, como la accesibilidad no es un favor, es un derecho humano.
El no crear políticas públicas reales que elimine las barreras de acceso material e intangible en sociedad y promueva los derechos de estas corporalidades, es parte de la “lógica” capacitista de cualquier persona, gobierno o institución.
Declaramos que todas las palabras de apoyo a niñas o niños o personas en situación de diversidad que vengan de un político o política que no estén sustentadas en cambios reales y reglamentos para todas las instituciones y ámbitos públicos que rompan paradigmas, arquetipos o busquen remover las limitantes materiales e intangibles para una mejor y mayor accesibilidad a una vida digna y de derechos, solo es demagogia pura.
4. Los madres-padres o familiares que deseen enfrenten solos el tema de la dis-capacidad, con todo y sus daños: discriminación, falta de políticas públicas y su reglamentación en el cumplimiento público, capacitismo, inequidad, etc., les deseamos suerte, pero el camino será doblemente pedregoso, injusto e inequitativo sino se avanza como comunidad, como colectivo.
El camino en pro de los Derechos de las infancias y personas con dis-capacidad se vive en colectivo. Pero no un colectivo alineado y alienado a un partido o prebendas políticas, sino a la colectividad de personas que viven la diversidad funcional sin vender su opinión, su postura, su defensa de los derechos de las personas en situación de discapacidad a cambio de un cargo o función pública.
5. Creemos firmemente que muchos de los males y las bondades de estos tiempos donde no se considera, protege y se respeta a las infancias en situación de diversidad funcional, nace en la educación inicial escolar, con las y los profesores. Con ellos y no con todos.
Un maestro marca para bien o para mal, máxime si es un niño, un niño o niña en situación de dis-capacidad. El decirles, ignorarlos o hacerles sentir o creer que: no puede, no debe y no sabe, son parte de esa educación tradicional que sigue vigente y que continúa generando ciudadanos agresivos y un ideal de hombre-mujer homogéneos.
Enseñar exige saber escuchar (P. Freire)
Profesoras, profesores: no traten con violencia capacitista a las infancias y a sus familias. Un niño o niña en situación de dis-capacidad, no es un objeto o paciente o material de estudio per se.
Las personas, las infancias en situación de dis-capacidad no tienen que demostrar superación, excelencia o ser super dotados para ser tomados en cuenta. Su situación no es una enfermedad o una condición que les vuelva sujetos de asistencialismo perpetuo, de lástima nacional o del sistema de competencia que domina en las instituciones, especialmente en la educación escolar.
6. La alegría es fundamental en esta lucha por los derechos de las personas con discapacidad. No hay nada más subversivo que la alegría en una persona, un niño, un familiar de ellos-ellas en situación de dis-capacidad. La frustración, el miedo y la velocidad de la modernidad refuerza la lógica de mercado: compro luego existo. Deprimirse para solo ser medicado por las instituciones.
Una alegre exigencia de los ajustes razonables, una alegre exigencia en la denuncia de las instituciones sordas y mudas que al parecer asilan en sus nóminas a gente sin alma.
Los disca y sus cuidadores nos movemos a otra velocidad, a otro ritmo, con otra forma de existir en otras corporalidades. Los autistas, lentos, chuecos, down, sordos, ciegos, sobre ruedas, todos, van tejiendo otros mundos, otras sincronías, otros sonidos, otros lenguajes, otros des-madres.
…etcétera.
“Romper, queremos romper.
Queremos crear un mundo diferente, ahora.
Nada más común, nada más obvio.
Nada más sencillo, nada más fácil.
Romper, queremos romper.
Queremos romper el mundo tal como es.
Un mundo de injusticia, de guerra, de violencia,
de discriminación.”
Holloway, J. Agrietar el Capitalismo, el hacer contra
el trabajo. Edit. Herramienta. 2011.