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La música es alegre y la letra triste; la puesta en escena era desconocida hasta entonces, aunque obtuvo un gran éxito
Foto: Cortesía
Cuando en 1988 se construía la plaza de toros que José Ángel López Lima regaló a los poblanos, la afición decidió que se llamara El Relicario. Qué mejor nombre, si Puebla es “El Relicario de América”.
El pasodoble El Relicario es de origen español, inspirado en la romería de San Eugenio o de la Bellota. La letra compuesta por los periodistas Armando Oliveros y José María Castellví. La música es autoría de José Padilla Sánchez.
El pasodoble lo estrenó en Madrid la cupletista Mary Focela, sin éxito alguno. En 1914, la cantante Raquel Meller la presentó en el teatro Tívoli en Barcelona.

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Como la música es alegre y la letra triste, Raquel decidió cantarla vistiendo de negro luciendo una mantilla ancha, únicamente iluminada por un foco, con la orquesta tocando a baja intensidad. La puesta en escena era desconocida hasta entonces; obtuvo un gran éxito.
Sarita Montiel la cantó en la película El último cuplé, en 1957.
El pasodoble llegó a los Estados Unidos en 1952. Fue parte de la campaña de David Eisenhower, quien se presentó en la tribuna para proclamar su candidatura mientras una banda de música ejecutaba El Relicario.
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David Eisenhower fue presidente de Estados Unidos, del 20 de enero de 1953 al 20 de enero de 1961. El pasodoble, pocas veces se ha interpretado en el coso de Los Fuertes.
Letra de El Relicario
(Oliveros y Castellví)
Un día de San Eugenio
yendo hacia el Pardo le conocí
era el torero de más tronío
y el más castizo de tóo Madrid.
Iba en calesa, pidiendo guerra,
y yo al mirarlo me estremecí,
él al notarlo bajó del coche
y muy garboso se vino a mí.
Tiró la capa con gesto altivo
y descubriéndose me dijo así:
Pisa morena, pisa con garbo,
que un relicario, que un relicario te voy a hacer,
con el trocito de mi capote
que haya pisao,
que haya pisao tan lindo pie.
Un lunes abrileño
cuando él toreaba y a verlo fui,
nunca lo hiciera
que aquella tarde
de sentimiento creí morir.
Al dar un lance, cayó en la arena,
se sintió herido, miró hacia mí
y un relicario saco del pecho
que yo enseguida reconocí.
Cuando el torero caía inerte
en su delirio decía así:
Pisa morena, pisa con garbo,
que un relicario, que un relicario te voy a hacer,
con el trocito de mi capote
que haya pisao,
que haya pisao tan lindo pie.
Foto: Cortesía