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Los padres de Karla Valeria jamás dudaron en señalar que la muerte de su hija fue consecuencia de un feminicidio.
Foto: e-consulta
El nombre de Karla Valeria ha resonado con fuerza durante los últimos treinta días. Su familia se ha encargado de que la sociedad y las autoridades de Puebla conozcan su historia, evitando así que su caso se quede archivado o se reduzca a una estadística más de suicidio por una mentira.
Encabezados por Carolina, madre de Karla Valeria, familiares y amigos levantaron la voz, se manifestaron, marcharon y encararon tanto a las autoridades como a Yeudiel N., su yerno para defender la memoria de su hija localizada sin vida en su departamento el pasado 26 de julio de 2026.
Los padres de Karla Valeria jamás dudaron en señalar que la muerte de su hija fue consecuencia de un feminicidio y no suicidio como de inicio, Yeudiel N., intentó demostrar, incluso contactó a medios de comunicación para narrar lo que él consideró su verdad. Su coartada salió mal cuando autoridades de la Fiscalía General de Puebla informaron que el protocolo de investigación era feminicidio.
Están cerca de hacerle justicia a Karla Valeria. Primero lograron que el pequeño hijo de la joven saliera del resguardo del Sistema Estatal DIF para regresar con su familia materna y, finalmente, este viernes consiguieron que Yeudiel N., quien fuera su esposo, fuera vinculado a proceso por el delito de feminicidio. Aun cuando ella ya no está, su luz sigue acompañando a quienes la amaron y desean que todo el mundo conozca a quien realmente fue.
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¡Todos vamos, todos regresamos!
Si algo definía la vida de la joven madre era su sonrisa inconfundible; la libertad sobre su moto; el amor por su hijo y su familia; el lazo incondicional con sus amigos y, sobre todo, la fuerza inquebrantable de sus sueños.
Cuando no estaba estudiando la carrera de derecho, daba clases en un preescolar; emprendía un negocio de venta de ropa; jugaba voleibol; cuidaba a su hijo; preparaba postres, siempre buscó convivir y estar cerca de su familia, de sus amigos, compañeros de rodada y vecinos.
“Nunca la veías quieta; hasta estudiando estaba con el niño jugando y está aquí, está allá… la verdad muy, muy activa, inteligente”, admitió su hermano.
Para sus amigos y su familia, Karla era una mujer extrovertida, llena de vida y de planes por cumplir. Por eso, cuando las primeras versiones redujeron su muerte a un suicidio, sus seres queridos se negaron rotundamente que fuera recordada de esa manera.
Disfrutaba manejar su moto Pulsar 250
Karla amaba las rodadas; era la presidenta del club Toxic Wheels. Aprendió a dominar la motocicleta y, con la pasión que la caracterizaba, lideraba las rutas hacia Paso de Cortés, Acatlán de Osorio o hasta el puerto de Veracruz con su Pulsar 250.
Roberto, sargento de armas del club y amigo cercano, la recuerda por su liderazgo protector y un sentido del humor a prueba de todo: "Ella tenía el lema de todos vamos, todos regresamos, nadie se queda. Nuestra amistad era pura guasa y sarcasmo; nos llevábamos pesado, pero siempre cuidando al grupo".
Era madre, maestra y preparaba exquisitos postres
Karla Valeria no paraba: quería crear, emprender y crecer en todos los sentidos. A Roberto le encargó una barra de madera para mejorar su negocio de postres. Le encantaba preparar fresas con crema, pero disfrutaba hacer cualquier pedido que le hicieran sus clientes. Era muy responsable en todas sus actividades.
Otra de las cosas que disfrutaba era enseñar, por eso ejercía como maestra de preescolar y buscaba especializarse para seguir superándose en esa profesión.
También decidió cursar la licenciatura en derecho para aprender a defenderse, incluso era compañera de su mamá; ambas estudiaban en la misma universidad, aunque en diferentes semestres.
Su padre la apoyaba firmemente a su estilo: “No, hija, tú defiéndete, no dejes que ningún hombre te pendejee”, así le decía para que estudiara la carrera de abogacía.
Estudiaba derecho para defenderse
Óscar cuenta que su hermana siempre fue una mujer comprometida y que realmente hacía un gran esfuerzo por terminar la carrera, pues a pesar de todas sus actividades, buscaba el tiempo para llevar buenas calificaciones.
Hasive, su mejor amiga desde la primaria, coincide con su hermano: Karla aprovechaba los sábados y los domingos para estudiar porque tenía toda la semana ocupada. Su amiga evoca con orgullo que Karla realizaba con excelencia cada proyecto que emprendía y se organizaba para cumplir con todo lo que se proponía.
Su hijo, el motor de vida
Me dijo: “¡Vas a tener un sobrino!”. Así se enteró Hasive de que su amiga de toda la vida iba a ser madre. Karla era una mujer que irradiaba felicidad y a quien prácticamente nunca vieron enojada; su hijo se convirtió en su motor.
Y no solo tenía amor para su hijo, su buena vibra la externaba con buenos deseos para todos; motivaba a los demás a salir adelante, a ser felices y a respetarse. Le gustaba demostrar su afecto y no se guardaba nada.
Se convirtió en madre a los 18
Hasive relata que la llegada de Fernando jamás fue un obstáculo para ella: "Desde el primer día me dijo que lo quería tener. Su hijo era su adoración, el amor de su vida".
Aunque tenía 18 años cuando se embarazó, no se paralizó; vivió con intensidad la emoción de convertirse en madre. Por su pequeño decidió casarse, aún cuando llevaba poco tiempo de noviazgo con Yeudiel N. “Llevaba como tres meses con Yeudiel cuando quedó embarazada y, además, estaba estudiando”, relató para e-consulta.
A pesar de su ilusión, todo ocurrió de prisa. A partir de ese momento, su vida dio un vuelco que no le quitó la sonrisa que, más adelante, marcaría su destino.
Pensó en cancelar la boda
La maternidad la llevó a acelerar sus planes. Aunque sentía dudas, Karla decidió darle el sí a su pareja, pero un mes antes de la boda algo sucedió…
“Cuando faltaba como un mes para casarse, me dijo que ya no quería hacerlo”. Le dije: “Si no te quieres casar, no te cases”. Entonces me respondió: “Es que ya está todo listo”. Finalmente, decidió casarse y adoptar un nuevo ritmo de vida ya con su hijo en brazos.
Le encantaba caminar con él para llevarlo al kínder; asistía a sus festivales; lo ayudaba con las tareas e iba y venía todos los días con el pequeño. “Ella siempre trataba de demostrar que era feliz; su motor era Fernando. Su hijo era su adoración, el amor de su vida”.
Óscar la veía pasar cerca de su casa de la mano del niño y observaba cómo, en muchas ocasiones, desviaba su camino para saludar a sus padres y llevarles a su nieto.
“Era de ir a los festivales, de ver qué actividades había en la escuela, de ver qué es lo que se iba a hacer; el lunch, el uniforme, el estudio, la educación” revivió su hermano. Si se trataba de su hijo, cualquier otra ocupación podía esperar; tenía una relación muy estrecha con él y disfrutaba cuidarlo.
Vivía una relación tóxica
La sonrisa de Karla jamás se borró, pero progresivamente se volvió más reservada. Comenzó a distanciarse de su familia, de sus amigos y del entorno que tanto disfrutaba.
Hasive relata que nunca tuvo una buena relación con el esposo de Karla. Recuerda con tristeza que durante un tiempo se alejó de su amiga porque él le prohibió comunicarse con ella.
“‘Yeudiel revisó mi teléfono y me prohibió que te hablara’, y le dije: “¿Por?”y dijo: “Porque luego tú dices que ya lo deje, que porque me trata mal”.
Para Roberto, el ambiente festivo del grupo de motociclistas también se enrareció por la apatía y el control constante de la pareja, al punto de que Karla debía buscar momentos a escondidas para mantener el contacto con sus compañeros de viaje.
Pese al desgaste de la relación, mantenía la vista fija en sus proyectos: titularse como abogada; independizarse en su propia casa; enfocarse en su hijo y seguir rodando.
El último adiós
El 26 de julio, día que Karla fue encontrada sin vida en su departamento del Infonavit San Aparicio, nadie lo creía. “No lo asimilaba por todas las cosas que me había dicho y todo lo que quería hacer de sus proyectos y esas ideas locas”, recordó Roberto.
La Fiscalía General del Estado de Puebla determinó que la muerte de Karla Valeria fue un feminicidio y no un suicidio, tras comprobar científicamente que la joven de 22 años murió por asfixia mecánica provocada por su esposo Yeudiel N., quien simuló una escena de ahorcamiento para encubrir el crimen. Presentaba lesiones de violencia física previas que no correspondían a la versión de un acto autoinfligido.
Como homenaje permanente, sus compañeros de ruta rediseñaron el emblema del club. Ahora, la figura de Harley Quinn, en versión anime, lleva las facciones de Karla.
Su familia la homenajea de una manera distinta, porque desde el día de su partida le han demostrado un amor incondicional a través de marchas, manifestaciones, consignas y la exigencia directa de justicia ante las autoridades.