Una mezcla hermosa de colores, formas, sabores y olores son los “tianguis” de México, donde están presentes costumbres, tradiciones y buena parte del legado de la cultura de los pueblos prehispánicos en nuestro país, que sigue latente y se niega a desaparecer.
El origen de la palabra proviene del náhuatl “tianquiztli” que significa mercado. Durante sus primeras décadas de existencia, las semillas de cacao (además del trueque) eran la moneda de cambio (Villegas, 2005). En el México prehispánico, el mercado o tianguis era el centro irradiador de la comunicación y el “trueque”.
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Este jueves pasado, se anunció que en San Pedro Cholula se realizaría el tradicional trueque, dentro del tianguis que con motivo de su Feria, se coloca en la plaza principal de la ciudad.
En las crónicas de los conquistadores españoles, se describe la admiración de los españoles cuando a la vuelta de una de las calzadas se toparon con la gran plaza del mercado de Tlatelolco. El número incalculable de personas ahí reunidas fue su primer asombro, pero la fascinación fue mayor al observar la organización y la limpieza de todas las mercancías expuestas, muchas de ellas desconocidas junto con la vigilancia que se establecía, cuando había problemas entre vendedores y compradores, (Cortés, Cartas de Relación, Segunda Carta: 63)
Según Durán, en la Historia de las Indias de la Nueva España (t. 1: 179) en la época prehispánica, el mercado era el único lugar donde se podía intercambiar cualquier tipo de mercancías a través de un sistema de trueque bien establecido. Cualquier persona sorprendida en vender o comprar fuera del espacio sagrado del tianguis, estaba condenada a muerte.
Tal era su importancia, que la gran plaza de Tlatelolco fue el último bastión azteca en caer entre las manos del conquistador Pedro de Alvarado, ya que los españoles sabían que una vez controlada la plaza del mercado: “era toda la ciudad casi tomada, y toda su fuerza y esperanza de los indios tenían ahí” (Cortés, Tercera Carta: 142).
Lo que se podía “truquear” eran productos de primera necesidad: frutas, verduras, huevos, aves, algodón, pescado fresco, plantas especialmente, que instalaban sobre petates u hojas de maguey. La herencia de los tianguis es una mezcla de las tradiciones mercantiles de los pueblos prehispánicos de Mesoamérica y posiblemente de los bazares del Medio Oriente, llegados a América por los españoles. Desde entonces se han caracterizado por ubicarse de manera periódica en calles y en días designados por usos y costumbres, en los que la comunidad local adquiere diversos productos.
En Cholula aún encuentras vendedores y compradores hablando en su lengua materna, especialmente náhuatl y en donde la variedad y riqueza de los puestos es muy diversa: frutas y verduras, lugares donde sentarse a comer una gran variedad de tacos y antojitos, comida tradicional, artesanías, plantas, maíz y sus productos derivados como los de nuestros amigos de Mazolco, ropa comercial y tradicional, cestos, frutas, verduras, vainas etc.
La conmemoración de la Virgen María es la razón por la que las personas de las poblaciones vecinas bajan a San Pedro el 8 de septiembre, una vez que regresan de la Iglesia intercambian sus mercancías en la plaza de la Concordia, dando vida a esa tradicional costumbre milenaria que es el “trueque”.
Insertarse en ese espacio llenos de sabores, colores, olores, formas, usos y costumbres es una manera de encontrar, según yo, parte de la identidad que tanto necesitamos.